Thomas Alva Edison (1847 – 1931) fue un empresario y un prolífico inventor estadounidense que patentó más de mil inventos. Pionero del sistema de iluminación eléctrica a gran escala (la electricidad propiamente dicha se lo dejaremos a Nicola Tesla), del cine (con el quinetoscopio), del reproductor de sonido (con el fonógrafo)… Un revolucionario de la tecnología. En 1890 fundó Edison General Electric Company (germen de la multinacional General Electric) y un año más tarde contrataba a un joven ingeniero, Henry Ford.
Entre ambos se fraguó una sincera amistad que les llevó a compartir muchos horas de trabajo y de ocio.
A tal punto llegó su amistad, y mutua admiración, que Ford quiso conservar algún recuerdo de Edison y no me refiero al sombrero y los zapatos, que también, sino…. a su último aliento (¿?). Según Ford, un poco excéntrico y espiritualista, en el último aliento está el alma. Así que, pidió al hijo de Edison, Charles, que pusiese una tubo de cristal (como lo de los laboratorios) en la boca de su padre para “capturar” su último aliento.
Tras fallecer Henry Ford, en 1947, entre los objetos personales apareció una caja con los zapatos, el sombrero y el tubo. Años más tarde, en 1978, reaparece el tubo expuesto en el Henry Ford Museum (Detroit) con una etiqueta “Last Breath Edison?” (¿el último aliento de Edison?).
La realidad solamente difiere en la etiqueta. Edison también cultivó al campo de la química y, por tanto, tenía en casa tubos de ensayo. Charles lo único que hizo fue sellar un tubo y dárselo a Henry como recuerdo… nada más. Alguien, por el camino hasta la vitrina del Museo, le añadió la etiqueta.
Fuentes e imágenes: Road side America, The Detroit News, Omg Facts, Atlas Obscura
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