Archive for month: abril, 2011

Sin lugar a dudas, el peor oficio de la historia

28 abr
28 abril 2011

Corren malos tiempos para tratar temas laborales y el hecho de tener un trabajo debería ser motivo suficiente para no quejarse pero… casi todos nos quejamos. Ahora, después de escribir este post, me lo pensaré dos veces antes de hacerlo.

El peor oficio de la historia ha sido Groom of the Stool (literalmente “novio o mozo de las heces“), en cristiano “limpia culos“.

Close Stool portátil

Lógicamente, sólo el rey podía permitirse el lujo de disponer de un Groom of the Stool. Su labor consistía en la limpieza de las partes íntimas del monarca después de defecar y, aunque pueda parecer extraño, era motivo de disputas entre las familias de los nobles el hecho de que uno de sus miembros ocupase tan “distinguida” tarea. Compartir momentos tan íntimos llegó a convertir al “limpia culos” en un confidente real y, en algunos casos, secretarios personales del rey.

Uno de los más famosos fue Sir Henry Norris, que ejerció durante el reinado de Enrique VIII. Tan implicado estaba en las intrigas de palacio que fue acusado de adulterio con Ana Bolena y decapitado.

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Voytek, el oso que se enroló en el ejército polaco

26 abr
26 abril 2011

Ya hablamos en un post anterior, animales utilizados como bombas, del uso salvaje de animales en batallas, hoy tenemos otra historia de este tipo pero con un cariz, por lo menos, distinto. Esta es la historia de Voytek, el oso que figuraba enrolado en la 22ª Compañía de Transporte del Ejército Polaco durante la II Guerra Mundial.

En el año 1939 era invadida Polonia; los rusos por el Este y los alemanes por el Oeste. Poco pudo hacer el ejército polaco ante los dos potencias militares; muchos soldados polacos fueron apresados y enviados a los gulags soviéticos. Tras el giro de 180%, de aliados a enemigos, que se produjo entre soviéticos y alemanes, Stalin decidió liberar a los presos polacos constituyéndose el Segundo Cuerpo del ejército polaco (1943) para luchar junto a los aliados.

El Segundo Cuerpo fue enviado a Oriente Medio como apoyo a la 8ª del ejército británico. Mientras la 22ª Compañía cruzaba las montañas de Irán, un niño les ofreció un pequeño osezno por comida. No sabemos si porque les dio pena el niño o les hizo gracia el osezno, el caso es que se lo quedaron como mascota. Le pusieron de nombre Voytek y se convirtió en uno más… gustaba de echarse una cerveza, fumarse – o comerse- algún cigarrillo, llevaba pesadas cargas, saludaba a sus superiores, participaba en peleas que siempre ganaba…

Osezno Voytek

Voytek luchando

Cuando el Segundo Cuerpo fue trasladado a Europa, para participar en la campaña de Italia, ocurrió el primer contratiempo: el ejército británico no aceptaba mascotas. Así que, ni cortos ni perezosos, la 22ª Compañía lo enroló con número y rango de ayudante de Artillería.

También tuvo su momento heróico en combate en la batalla de Monte Cassino (1944). Tras varios intentos de los aliados por tomar este estratégico enclave sin éxito, se enviaron todas las tropas disponibles incluida la 22ª Compañía. Comenzó un bombardeo de artillería masivo y nuestro amigo Voytek estuvo durante varias horas transportando obuses, de casi 50 Kg, sin parar. Dicen que aquella actitud sirvió como estímulo para que “compañeros” pudieran ganar aquella batalla.

Insignia de Voytek

Cuando terminó la II Guerra Mundial la fama de Voytek había cruzado fronteras. Como Polonia seguía bajo la influencia soviética, parte del Segundo Cuerpo, incluido Voytek, se trasladó a Berwickshire (Escocia) donde recibió muchas visitas de curiosos y periodistas. Tras la desmovilización, lo llevaron al zoológico de Edimburgo hasta su muerte en 1963. Cuentan algunos veteranos, que lo visitaron en el zoo, que cuando les veía se ponía de pie y les pedía un cigarrillo…

Voytek en el Zoo

Más información:BBC, Badass of the Week, Mail Online

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El día que Napoleón se sintió tan insignificante como una zanahoria

24 abr
24 abril 2011

Napoleón Bonaparte (1769 – 1821) es considerado como uno de los mejores estrategas militares de toda la historia pero, como todos en la vida, también sufrió varapalos, derrotas… y una gran humillación.
Entre los grandes varapalos podemos citar la campaña rusa (1812), como derrota más significante la batalla de Waterloo (1815) y su posterior destierro a la isla de Santa Helena, y como gran humillación: el día que se sintió tan insignificante como una zanahoria..

Napoleón Bonaparte

Con la firma del Tratado de Tilsit (1807) entre el Zar Alejandro I y Napoleón se acordó el cese de las hostilidades entre Rusia y Francia, se comprometían a prestarse apoyo antes sus respectivos enemigos y, más importante si cabe, se repartían el pastel europeo. Corrían buenos tiempos y había motivos suficientes para jornadas de asueto y celebración. Así que, Louis Alexandre Berthier, Jefe de Estado Mayor del Ejército y amigo personal de Napoleón, decidió agasajar al emperador con un día de caza. Para que la jornada resultase redonda, Berthier compró cientos de conejos y los soltó en las proximidades (igual que le hacían a Franco con las truchas y perdices).

Napoleón se plantó en primera fila para ser el que más piezas cobrase, pero algo salió mal… Los conejos no huían. Eran domésticos y estaban acostumbrados a ser alimentados por humanos. Corrieron hacia Napoleón y, como una plaga, se abalanzaron sobre él buscando su comida. Todo el séquito que acompañaba al emperador trato de “repeler la agresión” pero a Napoleón no le quedó otro remedio que subir a su carruaje y “huir del campo de batalla“.

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El diablo era un escultor mediocre y peor marido

19 abr
19 abril 2011

La figura del diablo se ha representado a lo largo del tiempo de múltiples formas, incluso muchos, en algún momento, le hemos llegado a poner rostro pero después de un minucioso estudio – esta es la causa de varios días sin escribir – he descubierto su nombre, profesión y, lo mejor, le hemos puesto rostro:

Luis Antonio de los Arcos

Se llamaba Luis Antonio de los Arcos y fue un mediocre escultor.

Esta imagen forma parte de la escultura en madera policromada”El arcángel San Miguel con el diablo a sus pies” de Luisa Roldán.

San Miguel y el diablo

Luisa Roldán (1652 – 1704), “La Roldana“, fue una de las principales figuras de la escultura religiosa del Barroco de finales del siglo XVII y principios del XVIII. Su maestro fue su padre, Pedro Roldán, que dirigía uno de los mejores talleres de Sevilla. Consiguió llegar a ser escultora de cámara de Carlos II y Felipe V. Su vida fue un mundo de luces, en lo profesional, y de sombras, en lo familiar.

Se enamoró de Luis Antonio de los Arcos, aprendiz en el taller de su padre, y volvió a demostrar su carácter al casarse en contra de la voluntad de su padre. Casados ya, Luis Antonio demostró toda su valía: escultor de feria, pendenciero, borracho, derrochador, mantenido… “una joya”. En 1692, recibe el encargo de Felipe V Carlos II de la obra “el Arcángel San Miguel con el diablo a sus pies” para la decoración del Monasterio de San Lorenzo del Escorial donde hoy se puede contemplar. La genial escultora decide “ponerles cara a los protagonistas de su obra”, representa a San Miguel con su cara y le pone el rostro de su marido al diablo.

El recuerdo de su marido ha quedado como la representación del diablo.

Imagen: El rincón de la cultura gaditana

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¡Cuánto le deben Coca-Cola y Durex a Herón de Alejandría!

14 abr
14 abril 2011

Es difícil, a simple vista,  relacionar  Coca-Cola y Durex, como figuras representativas de bebidas y preservativos comercializados en todo el mundo, con un matemático helenístico que vivió durante el siglo I… pero no imposible.

Además del éxito del propio producto y de las masivas campañas de marketing y publicidad, el hecho de poder tomarte una Coca-Cola en cualquier lugar del mundo y, sobre todo, a cualquier hora, y poder adquirir un preservativo para una urgencia se lo debemos a Herón de Alejandría.

Herón de Alejandría

Herón de Alejandría (ciudad de la provincia romana de Egipto) fue un ingeniero y matemático helenístico que destacó por sus inventos relacionados con la mecánica. Además de la primera máquina de vapor (la eolípila), la fuente de Herón (máquina hidráulica), también inventó la primera máquina expendedora de la historia.

Su mecanismo era muy sencillo: insertando una moneda por la parte superior caía sobre una palanca que hacía subir un émbolo dejando salir una determinada cantidad de… agua bendita.

Gracias a Herón te podrás tomar un Coca-Cola a las 3 de la madrugada en la plaza de un pueblo perdido, comprar unos chicles a las 2 de la tarde en el metro, conseguir un preservativo para una urgencia…

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Un día de putas… en la antigua Roma.

12 abr
12 abril 2011

Ahora ya nunca podrás decir que no has estado en un lupanar… en la casa de Arvina.

En cambio, sí que me quedó marcada la primera vez que yací a solas con una mujer. Fue poco después del primer y desastroso envite. Que congoja pasé. Un tarde ociosa de verano nos juntamos a la sombra de los soportales del Foro mi amigo Labieno, Emilio y yo con mi hermano Lucio, que nos sacaba dos años, y uno de sus compinches de farra, un tal Publio Quintilio Albo, un chaparro y rubio hijo de inmigrantes galos. El caso es que mi hermano y su colega nos convencieron sin demasiada presión para que fuésemos todos juntos a un lupanar fuera de los muros. Aquel burdel de renombre estaba cerca del puente del molino y era casa de muy mala fama en los círculos sociales valentinos. Su maléfica notoriedad venía dada porque más de un casto e impoluto magistrado era cliente habitual de aquella villa misteriosa.

Era una amplia domus de varios passuum de fachada, sin ventanas y con un portalón de estrecha mirilla en medio de un cuidado huerto de acelgas y lechugas. Después de tocar mi hermano dos veces la aldaba y decirle una frase ininteligible al esclavo que se asomó por el ventanuco, los goznes del portalón chirriaron quedamente y pasamos al vestíbulo. Una estatua de tamaño natural de Venus, diosa de estas ocupaciones, presidía la sala. El timorato y afeitado sirviente nos llevó hacia el soportal del atrio, el lugar más fresco de la casa en el que varios bancos estaban dispuestos para recibir a los clientes. Nos acomodamos en los mullidos asientos. El porche estaba decorado con maceteros de terracota con setos de murta decorados con relieves geométricos y sus paredes encarnadas exhibían explícitos frescos de amantes en plena faena. Me quedé abobado pasando la vista de fresco en fresco viendo las diferentes poses de las parejas allí representadas. Al momento una esclava muy sugerente nos ofreció una jarra de vino fresco muy rebajado que no pudimos rechazar. Un grupito de tres chiquillas se colocó en una esquina portando arpas, címbalos y flautas y comenzó a entonar melodías. Eran muy jovencitas para la profesión. Seguramente la dueña de la casa de lenocinio las habría comprado recientemente para ir preparándolas en las artes amatorias. Además, en toda variada clientela siempre encuentras algún vicioso con una buena bolsa de ases arsetanos dispuesto a vaciarla sin ningún reparo con tal de estrenar jovencitos. Mientras la linda muchacha, peinada con arte y perfumada en abundancia, escanciaba el contenido de su vasija apareció una gruesa matrona ya entrada en años, de rotundos pechos surcados por venas y compleja peluca cobriza, que nos dio su más efusivo recibimiento. Me parecía increíble cómo no tenía descolgados semejantes pechos tan redondos y amenazantes. Tiempo después descubrí el truco del strophium(el primer “cruzado mágico” de la Historia; consistía en unas tiras de cuero suave que realzaban el busto femenino. También se usaban las mamillare, una especie de faja que sostenía los senos) al gozar de los encantos de una de sus pupilas que iba tan bien armada como su señora.

  • ¡Bienvenidos a la casa de Servia Vitruvia Arvina! Pero, por la casta y pura Vesta, ¡Que ven mis ojos! Cinco muchachotes estupendos – dijo la oronda alcahueta repasando con su mirada de batracio al grupo entero – Estoy seguro que alguno de vosotros sois nuevos en mi casa… ¿Qué podría ofreceros para deleitar vuestros sentidos?
  • Muéstranos tu oferta, querida Arvina. Me han hablado muy bien del género de tu casa – le respondió el compinche de mi hermano –
  • Así es, jovencito. Tengo verdaderas maravillas. Este no es uno de esos prostíbulos infectos del puerto de Saguntum, es una reservada casa de citas para clientes selectos… ¡Atelo! Castrado perezoso… Vamos, a qué esperas, pasa estos clientes a los triclinios – le regañó al esclavo que nos había atendido tras darle un coscorrón. Después dio dos sonoras palmas y se colocó bien la prieta y sólida túnica faja que soportaba el peso de su inmenso busto –
  • Como deseéis, Dómina – respondió sumiso el enjuto individuo dirigiéndose con toda celeridad hacia una de las estancias del atrio –

Al instante aparecieron desde varios de los cubículos adyacentes una nutrida variedad de jovencitas y jovencitos. Ellas, unas muy jóvenes y otras ya maduritas, iban vestidas con finísimos peplos de lino setabense, estaban maquilladas con todo tipo de exóticos bálsamos y alguna que otra tenía teñido el cabello con pasta de sebo y ceniza. Aquellos insinuantes y sugerentes vestidos dejaban translucir las areolas coloreadas que coronaban sus tersos bustos y los ensortijados encantos de sus entrepiernas. Los tres efebos barbilampiños lucían sus cuerpos juveniles untados en aceites aromáticos y cubrían sus miembros con un escueto y simple taparrabos. Aquellas mujeres no parecían forzadas, pues en el complejo mundo de la prostitución las hay de todos tipos, de las que no pueden elegir y de las que elige bien a sus amantes de pago. En aquel caso supe después que muchas de aquellas espléndidas féminas le pagaban un jugoso porcentaje a la dueña de la casa por trabajar discretamente con personajes conocidos e influyentes en la comodidad de un lecho cálido y mullido.

El acicalado grupo de profesionales del amor se fue paseando entre los bancos, acariciándonos, sonriendo y provocando nuestra ya irrefrenable lujuria. Una de aquellas tremendas hembras, una esbelta morena de larga cabellera que emanaba un embriagador aroma a jazmín persa, se dirigió hacia mí, barrió mi rostro con su fragante melena a la vez que introducía su hábil mano bajo de mi túnica. Fue la que más me impactó. Y no menosprecio al resto de jovencitas y no tan jovencitas, a ver cuál más apetecible, pero la primera impresión me marcó la decisión. Tenía aún sus bronceadas carnes prietas, pues no sería mayor que yo, unos glúteos redondos y respingones más duros que las Columnas de Hércules y unos pechos puntiagudos y tiesos como odres llenos. La elegí a ella.

Mi hermano negoció en grupo con la mofletuda y pintarrajeada Arvina el coste de los servicios de su apetitosa mercancía, cerrándolo en cincuenta monedas de plata por una hora de amancebamiento. La muchachita morena que tanto me gustaba me cogió de la mano y me llevó a su cubículo, un pequeño y encarnado habitáculo en el peristilo en el que un taburete y un camastro eran sus únicos muebles. Sobre el dintel de la puerta había un expresivo grabado de una amazona cabalgando sobre un tipo recostado en un diván. En aquel momento no le presté atención pero con el tiempo descubrí que cada una de aquellas mujeres indicaba explícitamente en su puerta su especialidad. Y cada uno de aquellos servicios tenía su coste prefijado pues no es lo mismo una simple masturbación manual que una felación completa, y más teniendo en cuenta la escueta higiene, por llamarla de alguna manera, de ciertos clientes habituales de la casa.

La chica me condujo a su nido de placeres. Una lucerna de cuatro bocas sobre el taburete era la única iluminación de aquella pequeña estancia. Corrió las cortinas de arpillera rallada que cerraban la puerta y me llevó hacia el catre. Con un movimiento cadencioso y pausado se arremangó el vestido desde las pantorrillas sacándolo por encima de su cabeza, mostrando paulatinamente en toda su plenitud su excelsa desnudez. Tenía unos grandes ojos del color de la miel y un pelo moreno y ondulado que caía en tirabuzones sobre sus duros pechos. Bajé un momento la mirada y comprobé como mi erecto miembro ya se marcaba, y manchaba, en la túnica. Recuerdo que sudaba como un galeote, no por el calor húmedo y pesado de la pequeña habitación sino excitado por la inminencia del roce de nuestros cuerpos… y a la vez me sentía temeroso de no dar la talla ante aquella joven experta. A pesar de su corta edad la muchacha sabía muy bien lo que se hacía. Me susurró un par de bonitos piropos al oído, me quitó la empapada túnica con suavidad y me tumbó boca arriba en su camastro. Un relájate y un beso profundo en la frente me dejaron más tranquilo. Fue entonces cuando la lozana profesional del lenocinio se colocó sobre mí, introduciéndose mi hinchado apéndice en su rizado secreto y oscilando su moldeado cuerpo sobre mí. No soy capaz de evaluar cuanto tiempo pude contener mi semilla, pero pienso que sería más bien poco puesto que sólo de la excitación ya estaba más que preparado. Aprisioné sus nalgas entre mis manos intentando alcanzar con la boca uno de sus oscuros y enhiestos pezones. Al ver la contracción de placer de mi cara la muchacha apretó su ritmo desenfrenadamente, oprimiendo mi miembro con sus pétreas nalgas en una intensa fricción y desencadenando en mí el efecto deseado.

Cuando salí del cubículo, sudado, envanecido y más satisfecho que un general durante un Triunfo (el mayor honor que le concedía el Senado a un general después de una campaña victoriosa), coincidí con el resto de amigos que también habían cumplido holgadamente con su propósito. Me chocó ver a Labieno, siempre luciendo músculos en las salas de ejercicios de las termas, salir de una de las estancias junto a uno de los efebos imberbes. Que peligroso descubrimiento nos enseñó aquella cálida tarde mi pícaro hermano. No fue la única vez que acudimos a aplacar la presión de la entrepierna en la discreta y selecta casa de Arvina. Tiempo después me enteré gracias a una conversación cruzada en las letrinas de las termas de que aquella gorda matrona había ejercido el oficio más viejo del mundo hacía años en varios lupanares de Arse hasta que un tal Sexto Vitruvio Arvino, un tipo poco agraciado y menos aún sociable que llegó a ser pontífice de Júpiter en la ciudad durante muchos años, se encaprichó de sus grandes tetas y se la compró a su dueño. Al morir hace pocos años aquel pobre infeliz, Arvina, – manumisa y heredera de una discreta fortuna – conocedora de la gestión del pingüe negocio, cambió de residencia para evitar habladurías y se montó su propia mancebía de lujo en la nueva colonia.

Extraído de VALENTIA, Las Memorias de Cayo Antonio Naso:

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Costumbres de Roma. Una canita al aire… el lupanar

11 abr
11 abril 2011

Como no podía ser de otro modo, “El oficio más antiguo del mundo”, según hemos leído en muchos textos, también se ejercía en las ciudades y colonias de Roma. Mucha de nuestra terminología a la hora de definir esta antigua dedicación procede de estos tiempos. Hoy hablaremos de los lupanares, que es como llamaban por entonces a los burdeles o casa de citas. El término lupanar deriva de la voz latina lupa, que significa loba. A día de hoy también llamamos coloquialmente “lobas” a quienes se dedican a estos menesteres, pero el origen de esta definición hay que buscarlo en los antiguos ritos romanos.

Lupanar

Como algún lector ya conocerá por mi artículo sobre Februarius, en este mes tenían lugar las Lupercales, fiestas en honor del dios Luperco. Las mujeres que ejercían un tipo de prostitución sagrada con los sacerdotes del dios, los luperci, acabaron por ser llamadas lupae.

Al igual que el resto de negocios habituales en una ciudad romana, había establecimientos hosteleros en los que se podía disfrutar en privado de la compañía de su servicio por unas monedas extra. Esto sólo pasaba en algunas cauponae o thermopolium que tenían altillo para poder alojar a clientes, como ya vimos en “Comer y dormir fuera de casa”.

Pero el negocio que nos compete hoy es el profesional de estos servicios: El lupanar. Tengamos en cuenta un matiz primordial a la hora de adentrarnos en la sexualidad de aquellos tiempos: nuestro actual pudor y rubor congénito por algunos temas, como el sexo, está imbuido en nuestras mentes por la educación judeo-cristiana que hemos recibido desde pequeños y que algunos de nuestros mayores aún profesan. Pero en la sociedad grecorromana el concepto de “pecado” y “homosexual” no existen, ni se contempla como un atentado moral la pederastia o cualquier otra forma de placer sensual. Por ello no hemos de escandalizarnos de que en aquellos lupanares pudiésemos encontrarnos chicos y chicas de cualquier edad al servicio de todo tipo de clientes. Lo importante no era con quien te acostabas, sino que rol jugabas en la relación, activo o pasivo. El propio César levantó más sospechas de su tendencias amatorias por como vestía que por sus evidentes escarceos masculinos.

En cada ciudad de Hispania que albergase comerciantes o ciudadanos de paso había al menos un lupanar. Para poder describiros como habrían sido los de Tarraco, Caesaraugusta, Saguntum o Valentia, me basaré en uno que pude ver casi intacto: el lupanar de Pompeya.

El lupanar estaba ubicado a espaldas de una de las dos arterias más importantes de la ciudad, accesible al cliente de paso pero no demasiado a la vista del ciudadano oriundo, entre varias tabernas unas termas. Es curioso ver esculpido en las losas del decumano pequeños falos cuya punta nos indica la dirección que debemos tomar para encontrarlo (como nuestras actuales señales viarias) Contaba con dos plantas, la superior dedicada a una clientela de mayor poder adquisitivo con una buena balconada desde la que las trabajadoras del amor seducían a los viandantes con sus propuestas y contornos, mientras que la planta baja tenía el espacio más limitado y estaba reservada para el uso de esclavos y proletarios (que nadie se me ofenda, así se conocía por entonces a los ciudadanos sin propiedades que acababan criando vástagos con que nutrir a las legiones, prole) En éste en concreto había cinco fornices, las habitaciones de las meretrices que dieron nombre a un verbo obvio.

Indicador fálico

Un hermoso Príapo superdotado presidía el estrecho vestíbulo. Es curioso cómo sobre la entrada de estos pequeños cubículos pintaban frescos mostrando las especialidades de sus usuarias. El cliente sabía muy bien que compraba. No era lo mismo una cuadrantaria (llamada así porque sólo cobraba un cuadrante por sus servicios, una miseria), que una felatora, especialista en una práctica que ninguna mujer u hombre digno de Roma realizaría en situación normal. Los lechos de los fornices eran de mortero y sobre ellos se colocaba un colchón de paja o plumón para hacer el acto más cómodo. Unas lucernas y una palangana para asearse era el único mobiliario que contenían. Aún pueden verse los arañazos en sus paredes, idénticos a las que hoy pueblan los aseos de medio mundo, mostrando frases tipo “Varinia ama a Marcelo”, “el hornero es un felón”, “Craso la tiene de un palmo” o “Cato se tira a Lucila”…

Príapo da la bienvenida

Como, por desgracia, sigue sucediendo hoy en día, generalmente no eran muchachas o muchachos libres y oriundos del terreno quienes se dedicaban a esto, sino esclavas procedentes de tierras exóticas con las que el leno (el propietario del negocio) obtenía mejores rendimientos. Un servicio normal en el siglo I d.C. podría oscilar entre los seis u ocho ases, es decir, dos sestercios (una copa de vino en una caupona costaba un as) Por ello, comprar en el mercado de esclavos bonitas esclavas britanas de piel clara y pelo cobrizo, morenitas atléticas de Nubia o rubias rollizas de la Galia era garantizar clientela y, por supuesto, unos buenos ingresos.

No todas las prostitutas ejercían su trabajo en aquellos cuchitriles, pues, al igual que las hetairas griegas, también había mujeres libres e influyentes que servían de damas de compañía con opción a roce. Eso sí, fuesen esclavas o libertas, pagaban impuestos, debían de vestir peplos o túnicas marrón rojizo y llevar el pelo tintado para evidenciar su profesión y no ser confundidas con las castas matronas. Alguna dama de alcurnia frecuentaba estos lugares más por vicio que por sestercios.

El caso más descarado fue el de la esposa del emperador Claudio, Valeria Mesalina, mujer ninfómana y promiscua que llegó a ejercer la prostitución en el peligroso barrio romano de Subura con el pseudónimo de Lycisca (según narró Juvenal) Como sería de libidinosa esta mujer que, aprovechando la ausencia de su esposo al partir a la campaña de Britania, organizó un concurso en palacio con las meretrices de Roma basado en ver quien se podía acostar con más hombres en un solo día. El “colegio” de prostitutas aceptó el reto y envió a Escila, una auténtica profesional que realizó veinticinco coitos antes de rendirse… Mesalina prosiguió durante la noche y, tras declarar que no se sentía aún satisfecha después de haber yacido con setenta hombres, continuó hasta el amanecer. El recuento final fue doscientos…

Colaboración de Gabriel Castelló.

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¿Sabes qué es Entropía?

06 abr
6 abril 2011

Según la RAE: Entropía.
(Del gr. ἐντροπία, vuelta, usado en varios sentidos figurados).
1. f. Fís. Magnitud termodinámica que mide la parte no utilizable de la energía contenida en un sistema.
2. f. Fís. Medida del desorden de un sistema. Una masa de una sustancia con sus moléculas regularmente ordenadas, formando un cristal, tiene entropía mucho menor que la misma sustancia en forma de gas con sus moléculas libres y en pleno desorden.
3. f. Inform. Medida de la incertidumbre existente ante un conjunto de mensajes, de los cuales se va a recibir uno solo.

Pero como el castellano no es una lengua muerta, yo os voy a regalar otra acepción del término Entropía (espero que la RAE la tenga en cuenta en próximas actualizaciones):

4. Revista de relatos ilustrados cuya finalidad es el fomento de la lectura, para los no iniciados, y el deleite para los lectores habituales. Saltarás de relatos de ciencia ficción a la emocionante Edad Media, pasando por la intriga policíaca, el terror… con el único límite de tu imaginación.

Gráfico de Rayajos en el Aire

Tras convocar varios premios de relatos desde el blog, por la cantidad y, sobre todo, la calidad de los relatos presentados, comprobamos que existen muchos escritores, en potencia, que no tienen la oportunidad de darse a conocer, ya sea por su desconexión del mundo editorial o porque encontraron las puertas cerradas. La oportunidad de “presentarse en sociedad” os la va a dar Entropía. No es sólo una revista de relatos… es la revista de “vuestros relatos”.
Además, no “estaréis solos”, también se incluirán relatos clásicos (Edgar A. Poe, Charles Dickens, H.P. Lovecraft…), relatos de firmas invitadas (autores consagrados) y relatos gráficos. También servirá como soporte promocional para eventos, escuelas de escritura,  concursos… Así como, relatos ganadores de certámanes o premios.

Se lanzará al mercado a finales de este mes de abril (fecha exacta sin confirmar) con una periodicidad bimestral y en formato papel y digital. Como con el primer número será imposible llegar a todos los rincones os podemos llevar la revista a vuestro punto de venta habitual. Sólo tenéis que enviar un email a historiasdelahistoria[arroba]gmail.com con el nombre (kiosco, librería…) y la dirección.

Habrá más sorpresas pero…  hasta aquí puedo leer. El lanzamiento definitivo del primer número, y los sucesivos, se anunciará desde este blog.

Ahora que ya sabes qué es Entropía…. ¡A qué esperas para enviarnos tu relato!

Requisitos de los relatos:

  • La temática de los relatos podrá ser: histórica, intriga, acción, terror, ciencia ficción, policíaca…
  • La extensión del texto no será superior a tres folios (o DINA-4), en formato .doc. El tipo de letra del texto será Arial o Times New Roman, fuente 12 e interlineado sencillo. También microrelatos y relatos ilustrados.
  • El autor declara que la obra es original y de su propiedad, y en consecuencia se hace responsable respecto a su propiedad intelectual.
  • Todos los relatos seleccionados, para su publicación, ceden sus derechos a este blog y a Ediciones Toison/Gram para su reproducción en cualquier medio (digital o físico). Si estos relatos se llegasen a publicar, se hará constar el autor en la publicación. Los relatos siguen siendo titularidad del autor.
  • Los relatos podrán ir acompañados de ilustraciones, fotografías o dibujos siempre que sean propiedad del autor o libres de derechos.

Sólo os pedimos una cosa más, que cuando alguno de vosotros recoja el Premio Planeta, Cervantes, Nadal… os acordéis de Entropía.

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