Archive for month: febrero, 2011

¿Se puede plagiar el silencio?

28 feb
28 febrero 2011

La respuesta lógica sería no pero, como decía el torero Guerrita, “hay gente pa to” y yo añadiría “por ganar dinero”.

En el año 2002, el grupo The Planets lanza al mercado Classical Graffiti cosechando un éxito rotundo y permaneciendo en el nº 1 de las listas británicas durante tres meses. Mike Batt, creador y productor del proyecto, tuvo la idea de “incrustar” en la pista número 13 del disco un minuto de silencio, titulado “A One Minute Silence“.

Classical Graffiti

01. The Planets – Rodrigo (3:27)
02. The Planets – Carmen Caprice (5:58)
03. The Planets – Grassland Theme (3:08)
04. The Planets – Classical Graffiti (3:02)
05. The Planets – Love In Slow Motion (3:12)
06. The Planets – Brandenburg Variation (4:20)
07. The Planets – The Journey Of A Fool (4:28)
08. The Planets – Clair De Lune (4:11)
09. The Planets – He Moved Through The Fair (3:39)
10. The Planets – Contradanza (3:12)
11. The Planets – A Letter From New England (4:30)
12. The Planets – Bolero Fantasy (5:57)
13. The Planets – A One Minute Silence (0:59)
14. The Planets – Carmen Caprice (Acoustic Version) (5:57)
15. The Planets – Branenburg Variation (Acoustic Version) (4:21)
16. The Planets – Bolero Fantasy (Acoustic Version) (5:57)
17. The Planets – Christmas Thingy (Acoustic Version) (2:55)

¿Cuál fue la sorpresa de Mike Batt cuando recibió una demanda por plagio de la pista número 13?

La demanda la interpusieron los herederos de John Cage (1912 – 1992) por el plagio de su obra 4′ 33” (1952). La partitura de esta “obra” no especifica sonido alguno durante los 4 minutos y 33 segundos que dura y, además, puede ser interpretada por cualquier instrumento (un chiste fácil).

Esta demanda que, utilizando la lógica, no debería ser más que una simple anécdota llegó a un acuerdo extrajudicial que se saldó con el pago de una cantidad de seis cifras.

Batt lo remató con un poco de humor: “La mía es una pieza mucho mejor. He sido capaz de decir en un minuto lo mismo que Cage en 4 minutos y 33 segundos

Os dejo la pieza en cuestión… para piano.

Fuentes: CNN, BBC

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En Auschwitz se habló castellano medieval

27 feb
27 febrero 2011

Tras el decreto de expulsión de los judí­os, firmado el 31 de marzo de 1492 por los Reyes Católicos en base a un texto del Inquisidor General, Tomás de Torquemada.

Expulsión de los judíos

Según este decreto, los que no se convirtieron debí­an abandonar Sefarad (así­ es como los judí­os llamaban a España). Unos 100.000 judí­os abandonaron sus casas y su paí­s, aunque muchos de ellos conservaron las llaves de sus casas y mantuvieron como lengua materna el ladino (judeoespañol o djudezmoo, el castellano medieval). Se exiliaron a Navarra, reino en teorí­a todaví­a independiente, Francia, Inglaterra, el Norte de África y el Imperio Otomano. Salónica (Grecia) fue una de las ciudades del Imperio que más judíos acogió, llegando a suponer más del 50% de la población en el siglo XVI.

Según lo estipulado en el Tratado de Bucarest (1913) Salónica pasó a formar parte de Grecia. En 1941 los nazis toman Grecia y comienza la persecución y exterminio de los judíos.

De todas las ciudades europeas ocupadas por los nazis, Salónica fue la que más víctimas judías registró: de una población de 56.000 personas, 54.050 fueron exterminadas en Auschwitz, Bikernau Birkenau y Bergen-Belsen, escribía el norteamericano Kaplan

Está claro que Salónica era una especie de capital de lo sefardí: el grupo era rico; el Gobierno turco, tolerante; los rabinistas, inteligentes y tradicionalistas. En los presentes días, sin embargo, Salónica, como núcleo importante de la diáspora, ya no existe; los judíos de Salónica, que hablaban ladino, fueron asesinados por la Gestapo durante la ocupación de Grecia por los ejércitos alemanes. El hecho ha sido un golpe mortal a la vieja lengua que los judíos se llevaron de nuestro país a consecuencia del decreto de expulsión del siglo xv. Josep Pla, autor del libro “Israel, 1957

En noviembre de 2010, con 97 años, falleció Jacques Stroumsa, el violinista de Auschwitz. De origen sefardí y natural de Salónica, era la voz “viva” del ladino (castellano medieval) en el horror de Auschwitz. Amaba a España y se reconocía como “hijo de España”.

 

Fuentes: eSefarad, Medicina y Holocausto

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Odoacro, el rey que vivió en dos Edades

25 feb
25 febrero 2011

Decimocuarta entrega de “Archienemigos de Roma“. Colaboración de Gabriel Castelló.

Hoy hablaremos del caudillo bárbaro que al que los doctores de la Historia le han concedido el honroso honor de liquidar el decrépito Imperio de Occidente y, con ello, dar entrada a la Edad Media. Quizá, si no hubiese sido él quien depusiese al irrelevante Rómulo Augústulo nadie sabría de su existencia, pero no fue así; Odoacro fue el hombre que remató un mundo que agonizaba desde hacía más de un siglo…

Odoacro era medio hérulo, medio esciro, dos etnias de origen escandinavo y germánico respectivamente que habían acabado disueltas e integradas en el Imperio tras haber sido pasto de las guerras entre hunos y romanos. Mientras que de los esciros se conoce bien poco, sí que se sabe que los hérulos fueron una tribu guerrera que se esparció por todo el limes europeo, conociéndose tanto sus correrías como piratas en el Mar Cantábrico como su presencia beligerante en el Danubio desde el siglo III. Fueron muy mal tratados por los historiadores cristianos de la época, como Procopio de Cesárea, quien los acusaba de practicar pederastia ritual entre guerreros y zoofilia con sus bestias de carga.

 

Hérulos en combate

Volvamos al archienemigo de hoy; nacido sobre el 435 d.C., su nombre original, Audawarks, significa en germano “el que busca la riqueza”, nombre que le puso Edecán, su padre y consejero de Atila; su carrera militar es incierta, pues aparece en las crónicas antiguas a raíz de la revuelta de los germanos federados de Orestes, padre de Rómulo Augústulo, según los libros de Historia último emperador del Imperio de Occidente. Criado entre los campamentos hunos y el limes del Danubio, actuó como mercenario y auxiliar hasta que una de las endogámicas revueltas internas del Imperio le proporcionó la oportunidad de cincelar su nombre en la Historia…

Pongámonos en situación: Año del señor del 475. Julio Nepote, emperador de Occidente con la venia de Constantinopla desde que había destronado a Glicerio en el 474, es depuesto por Flavio Orestes, un aristócrata de origen germano procedente de Panonia. Éste, sabiendo que su descarada usurpación no sería bien vista por el poderoso e intacto Imperio de Oriente, no opta por tomar el trono sino que coloca a su hijo adolescente en él, Rómulo Augusto (que ha pasado a la Historia como Augústulo, un diminutivo despectivo; es curioso que la providencia hiciese que el último regente oficial del Imperio llevase el nombre del fundador de la ciudad y el de su primer emperador).

 

Odoacro amenaza a Augústulo (La Última Legión)

Para tal maniobra, Orestes recluta germanos federados que le sirven como mercenarios entre sus viejos conocidos hérulos y esciros, cosa que le funciona hasta que sus fondos se acaban, al igual que sus promesas de reparto de tierras en Italia para todos ellos. Es entonces cuando Odoacro entra en escena, acaudillando una revuelta que, tras exigir un tercio de las tierras disponibles de Italia sin ninguna respuesta por parte del Senado y la corte imperial, acaba con la vida de Orestes en Ticino y provoca la posterior deposición de su hijo en Rávena el 4 de Septiembre del 476. Esta es la fecha que figura en las Enciclopedias como el principio de la Edad Media.

Pero esta separación artificial entre la Edad Antigua y la Edad Media es un capricho de nuestros días. Para quienes vivieron y sufrieron aquellos turbulentos años no hubo ninguna diferencia entre ser gobernado por Nepote, Augústulo u Odoacro. El Imperio Romano tal y como nos lo imaginamos ya no existía; el trono de Rávena era un instrumento a merced de cualquier bárbaro ambicioso, los tentáculos de la Iglesia habían sustituido el control administrativo estatal y la teórica autoridad de los césares se limitaba a Italia, un olvidado rincón de Mauritania Tingitana y una franja de la Galia atlántica en manos del duro legado Afranio Siagrio. Eran cabecillas bárbaros quienes controlaban a las tropas imperiales, ya no organizadas como legiones, que actuaban como auténticos soberanos en las provincias de Hispania, Galia o África (como ya vimos en otras entregas con Alarico o Genserico) Lo curioso es que ninguno de aquellos jefes germanos quiso romper tan extraña pleitesía nominal a Roma… Todos querían tener un cargo ratificado por el Senado.

Una vez eliminados Orestes y su hijo, Odoacro no pretendió usurpar el trono como tantos y tantos antecesores, sino que escribió a León I Magno, emperador de Oriente, solicitando que se le concediese el título de Dux de Italia y acompañando dicha carta con el envío de las enseñas imperiales, símbolos que Constantinopla no rechazó.

Para León I, el soberano legítimo de Occidente era Nepote, exiliado en Dalmacia desde que Orestes entró en Rávena y se hizo con el control de Italia. Julio Nepote volvió a Rávena y Odoacro, no sabemos si por la presión del Imperio oriental o por voluntad propia, respetó su cargo, llegando a acuñar moneda con su nombre. Así de compleja era la política de entonces; el poder real estaba en manos de los germanos, quienes pretendían mantener el status quo de tiempos pretéritos aunque fuese sólo una fachada. No querían destruir Roma, querían participar en su gobierno.

Quizá la intercesión del depuesto y rencoroso Glicerio, ejerciendo como obispo de Salona (Dalmacia) desde que fue desterrado, hizo que se complicase la situación. Nepote fue asesinado por sus tropas, casi probablemente el 25 de abril del 480, acusado de estar conspirando contra Odoacro para hacerse de nuevo con el control de Italia. Aquel giro de los acontecimientos animó al Dux a invadir Dalmacia y convertirse en un molesto y poderoso vecino para el Imperio de Oriente.

Odoacro controló ambos territorios durante trece años, el tiempo que tardó la corte de Constantinopla en solventar su conflicto sucesorio y encargarle a un bárbaro más afín a sus planes de reconstrucción imperial una campaña contra aquellos hérulos y esciros que seguían señoreándose por Italia. El elegido por el nuevo emperador Zenón fue Teodorico, rey de los ostrogodos. La muerte de Nepote había complicado mucho las relaciones entre Rávena y Constantinopla, pues, a pesar de sus postreras sospechas, mientras éste vivió jamás se mostró independiente de él, acatándole como su superior directo tal y como Oriente había dispuesto. Su ausencia propició un vuelco en el frágil equilibrio local. Quizá por ello, muchos historiadores consideran que Julio Nepote, y no el insignificante Rómulo Augústulo, fue el último de los Césares.

 

Rómulo se postra ante Odoacro

 

Teodorico, con el apoyo incondicional de Constantinopla, entró en Italia el 489 y durante cuatro años guerreó contra Odoacro hasta que éste no tuvo más opción que rendirse. Su fin fue tan triste y violento como el de muchos de los grandes hombres de Roma de los que era heredero indirecto. Como agasajo para sellar la paz entre ambos régulos, Teodorico invitó a un banquete a Odoacro en el que éste fue apuñalado hasta la muerte con su propia espada. Tras aquel suceso, Italia se convirtió en un reino godo tal y como había sucedido con Hispania. El Imperio Romano de Occidente ya era Historia.

Un par de buenas novelas sobre estos tiempos son “La Última Legión” de Valerio Massimo Manfredi, llevada al cine hace bien poco, y “La Caída de Roma” de Michael Curtis Ford; ésta última relata la vida de Odoacro desde tiempos de Atila hasta su ocaso como Rex Italiae.

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Alejandro Magno, el primer buzo de la historia

23 feb
23 febrero 2011

Supongo que la historia del buceo y es tan antigua como la propia humanidad. Sumergirse en las aguas para conseguir alimentos nada tiene de especial o particular, pero me refiero al uso de algún tipo de “artilugio” para poder sumergirse más tiempo del permitido por el buceo a pulmón.

El gran Aristóteles (384 a. C. – 322 a. C.), el filósofo y científico de la Antigua Grecia, ya menciona el uso de una especie de campana metálica invertida sumergida en el agua y que los “buzos” utilizan para respirar el aire que queda atrapado dentro de la campana. Cuenta la leyenda, porque es una leyenda, que su discípulo más aventajado, Alejandro Magno, tras conquistar medio mundo tuvo inquietud por explorar las profundidades del océano. Así que, se sumergió en el mar metido en “un recipiente muy fino hecho enteramente de cristal blanco” y que encontró un monstruo marino que tardó tres días enteros en recorrer su longitud.

Lógicamente esta leyenda sólo sirve para ensalzar la figura de uno de los mayores conquistadores de la Historia, pero me ha resultado curioso la cantidad de grabados que representan este hecho.





Fuentes e imágenes: Tu club de pesca, Submarinos, Animalia Hispanica

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Y Colón llegó a las Indias…

22 feb
22 febrero 2011

“Heme aquí, rey, reina, ante vosotros, que imploro por la presente un fondo de 1.200 ducados para partir de hecho hacia lo descubierto y lo que esté por descubrir”.

Con estas palabras, Cristobal Colón se presentó ante la Corte Española aquel año de buena cosecha de centeno. Sus majestades diéronle los 1.200 ducados, agasajáronle con 300 fortunas y 20 marlboros y deseáronle la mejor de las suertes para su viaje, solicitando la mayor de las glorias para el que pronto sería el Imperio español.

Cristobal partió, del puerto de Palillos Higiénicos rumbo a la mar océana, con escala en las Islas Canarias. Su objetivo. Las Indias.

Tras dos meses largos de travesía, dióse cuenta de un pequeño error de cálculo, poco digno de un almirante de su altura (1’58m). Colón había partido en rumbo opuesto a las Indias. Historiadores de prestigio achacan el despiste a las condiciones climáticas del momento de la partida, la niebla le jugó una mala (o buena) pasada.

Tras tratar de ocultar el error, la tripulación amotinóse, según datos del diario de a bordo, por la extrema escasez de cigarrillos (la ley antitabaco se debatía en el Senado). Cristóbal logró tranquilizar a las masas, prometiendo un suministro de cigarrillos como jamás habían imaginado. Aceptaron.

Pronto, tras descubrir nuevas tierras y tomar tierra en varios puntos,se asentaron en una isla de nombre conocido: La Española. El lugar escogido, a parte de por su nombre, era un fantástico enclave, muy cerca de un puerto con grandes riquezas, Puerto Rico.

Tras unos días de esparcimiento, los españoles comenzaron la construcción de varias colonias, al método castellano: Abrir un bar y construir casas alrededor. La historia ha dado la razón a los colonos españoles y se ha demostrado que es la forma más eficaz para el desarrollo de las colonias. Dichas colonias prosperaron rápidamente.

Pronto, Cristobal y sus hombres iniciaron sus viajes de ida y vuelta a europa. Sus mercancías: maiz, patata y por supuesto, cigarrillos. Trajéronse también hombres y mujeres autóctonos, llamados índios, gentilicio que no hizo más que acrecentar el bulo de que Cristóbal había pisado las tierras correctas.

El legado de Colón, por tanto, ha ascendido hasta límites insospechados, culminados todos ellos con el descubrimiento de todo un país que, sin saberlo, ya llevaba su nombre… Colombia.

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Brookes, de barco de esclavos a icono abolicionista

21 feb
21 febrero 2011

Thomas Clarkson (1760-1846) fue un destacado activista contra la trata de esclavos en el Imperio Británico. Fue uno de los fundadores del “Committee for the Abolition of the Slave Trade” (Comité para la Abolición de la Trata de Esclavos) y logró la aprobación de la Ley de Comercio de Esclavos de 1807 que terminó con el comercio británico de esclavos.

Thomas Clarkson

Un grupo de activistas de Plymouth descubrieron el plan de embarque de uno de los barcos negreros que transportaban esclavos desde África. En base a la estructura de uno de estos barcos, el Brookes, plasmaron el plan de embarque de los 450 esclavos que legalmente se podían transportar (aunque la mayoría de las veces se superaba esta cantidad para “aprovechar el viaje”).
El resultado fue “el diagrama del Brookes” (1788):

Brookes

Fijándose en el diagrama se puede apreciar la “precisión” en la distribución de los esclavos encajados como fardos en condiciones inhumanas. Fue colgado como un emblema en todos los hogares abolicionista

Este diagrama parecía tener una impresión instantánea de horror a todos los que lo vieron. La propaganda abolicionista usa a menudo representaciones gráficas de los tormentos humanos; ‘Brookes The Slave Ship” evita eso. Es una imagen de la aflicción intolerable, pero no muestra los cuerpos visibles de dolor“, escribió Clarkson.

Muchos publicistas podrían tomar nota.

Fuentes: British Library, The Independent
Imagen: Wikipedia

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¿Por qué no “inventamos” el chicle los españoles?

18 feb
18 febrero 2011

Recordemos que el chicle o goma de mascar, tal  y como lo inventó Thomas Adams (1818-1905), era tzictli (resina del árbol Chicozapote) al que añadió azúcar y un sabor determinado. Igual que los incas masticaban coca, los aztecas lo hacían con el chitli.

chitli

Thomas Adams tuvo conocimiento del tzictli por el general Santana, exiliado de Méjico, pero, inicialmente, su idea de negocio con aquella sustancia no era masticarla sino como sustituto del caucho para neumáticos. Tras varios fracasos acertó con la idea de la “goma de mascar”.

Después de esta introducción del origen del chicle, vamos con la pregunta en cuestión: ¿Por qué no lo inventamos nosotros?

Así como masticar hojas de coca se popularizó, el hecho de masticar chitli nunca tuvo aceptación entre los conquistadores españoles. Las causas:

  • Las hojas de coca, al ser un regalo de los dioses, sólo eran consumidas por el emperador Inca, familia y allegados.
  • El chitli era consumido por los más pobres y por las prostitutas que, con un ruido característico, atraían la “clientela”.

Lógicamente, los rudos y machotes conquistadores de la época no podían compartir aficiones con prostitutas.

Fuentes: lanación,  Historia del mundo sin los trozos aburridos – Fernando Garcés Blázquez
Imagen: atractor

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Una carrera de la F1 de la antigua Roma

15 feb
15 febrero 2011

Las carreras de cuadrigas de la antigua Roma equivaldrían a la Fórmula 1 actual. Como adelantábamos en el post anterior, en el que podéis consultar ciertos aspectos técnicos (, tenemos el relato de una de ellas extraído de VALENTIA, Las Memorias de Cayo Antonio Naso:

Una sonora fanfarria al toque de trompas y pífanos anunció la llegada de las acicaladas autoridades custodiadas por un contubernio de milicianos locales y una especie de lictores que imprimían al conjunto un toque imperial con cierto sabor provinciano. Una vez acomodados los dignatarios comenzó el desfile saliendo desde la Porta Pompae los participantes de las carreras. Por los altos arcos aparecieron en primer término dos bigas ligeras en las que sendos pregoneros, pulcramente ataviados, anunciaban la inminente aparición de los héroes de la tarde y sus patrocinadores. Acto seguido irrumpieron en la arena las aclamadas cuadrigas de Lisandro, Crisus y otros dos aurigas más que completaban los cuatro colores con los que el público se identificaba hasta el disturbio y con los que los felones corredores de apuestas hacían cada día de carreras su pingüe negocio.

El bello Crisus, campeón de aquel año, con una indumentaria similar a un mirmillón pero luciendo un pequeño yelmo de estrecha e hirsuta cimera roja en vez del típico casco repujado, era el paladín del Rojo. Conducía una bella y curvilínea cuadriga, ligera pero robusta, pintada en un brillante color bermellón y rematada con guarniciones doradas que cuatro negros corceles impulsaban tan suavemente como si se deslizase por placas de hielo.

Su oponente y aspirante al triunfo, el joven Lisandro, vestido con elegantes ropas griegas al puro estilo de Aquiles, ajustado bonete de cuero y fusta en mano, el defensor del Blanco, no le quedaba a la zaga. Montaba sobre una esbelta cuadriga nacarada y engalanada en sus laterales con una abundante cornucopia de plata sobre seis venablos cruzados, el símbolo de la ciudad, cuyo resplandor al quedar expuesta a los inclementes rayos del sol cegó por un instante a algunos espectadores. Cuatro blancas yeguas de lacias crines grises constituían el tiro del impresionante carro.

El resto de participantes, dos aurigas de menor repercusión en los garitos de apuestas, también lucían petos de cuero trabajado y sendas cuadrigas, que no por ser menos lujosas no parecían más simples. Y no menos lustrosos eran los caballos bayos que las arrastraban. Eran los paladines del Verde y el Azul, los colores habituales del Ejército y el Senado que, obviamente, no eran muy populares fuera de los círculos del poder de la Urbe.

Los cuatro aurigas se dirigieron hacia el centro de la pista, deteniéndose a media espina, frente al palco de autoridades. Desde la privilegiada posición de Tito, la familia Antonia podía ver reflectar los bruñidos remaches de los trajes, los reflejos de los carros y el sudor de los jumentos como si al lado mismo de ellos estuviesen. Después de solicitar la venia a las autoridades, los cuatro conductores, rienda en la diestra, fusta en la opuesta y yelmo calzado, quedaron pendientes de que el duunviro soltase el paño blanco desde la balconada del pulvinar indicando con ello el inicio de las siete vueltas que los atrevidos aurigas deberían de realizar.

El personal de apoyo, después de rastrillar la tierra batida de la pista a conciencia, se encontraba presto en las escalinatas de la espina, un murete de poco más de seis pies de altura que formaba el eje del hipódromo sobre el que los carros debían girar. […] Los musculosos esclavos nubios encargados de girar las Septem Ova cada vuelta completada ya estaban dispuestos, el sacerdote de Júpiter había realizado el auspicio correspondiente con resultado satisfactorio y los asistentes de los establos y de la enfermería estaban listos y en sus puestos. Había llegado tan esperado momento. Una vez más, el gran espectáculo del Ludus Máximus podía comenzar.

Y la mappa cayó desde la mano del duunviro de turno mientras el pretencioso Quinto Gabinio se vanagloriaba de la gran carrera de cuadrigas con la que pretendía agasajar a su próximo electorado. Y al ver caer la vaporosa tela blanca de la mano del primer magistrado de la ciudad los aurigas restallaron sus fustas sobre el lomo de los encabritados corceles que arrancaron cuales furias entre el griterío del público y una soberbia polvareda. Podía reconocerse en las gradas a los seguidores de los diferentes colores ya que la gente solía vestirse en días así a tono con los colores de su apuesta.

Carrera de cuadrigas. Ben-Hur

Lisandro le arrebató el liderato en la primera vuelta a Crisus, el cual perdió parte del trazado corto al abrirse en exceso en la segunda curva, fallo que aprovechó sin titubear el joven aspirante. Así siguieron tres vueltas más en un ambiente cada vez más encrespado por la tensión, el calor y la intensa nube de polvo que provocaba el agudo galope de los equinos. Los aurigas fustigaban sin compasión a sus corceles alentados por los gritos de sus respectivos seguidores. Competían ausentes del resto del mundo concentrados en cada passum que recorrían a tan gran velocidad. Uno de los otros aurigas menos populares, el que ostentaba la tercera posición, chocó con las ruedas de Crisus en la curva de la Porta Triumphalis durante la cuarta vuelta. Perdió el control de su cuadriga y cayó de bruces al polvoriento suelo a tiempo justo de reptar hábilmente hasta el amparo de la espina y así salvarse de una horrible muerte segura coceado por los caballos de su inmediato perseguidor […]

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Costumbres de Roma. ¡Todos al Circo!

13 feb
13 febrero 2011

Qué afición hay más popular y visceral que sentarse en la grada de un recinto deportivo lleno a rebosar una cálida tarde de primavera. Multitudes colmando el graderío, vestidas con los colores de sus ídolos, gente repartiendo bebidas y fruslerías entre el respetable, apuestas en dinero u orgullo sobre quien vencerá y quien no, ánimos exaltados y, allí bajo, grandes héroes admirados y deseados por todos…
Obviamente, supondréis que no estoy hablando de un partido de fútbol, herencia social de otros tiempos, sino del Circo, el Ludus Maximus, la atracción de atracciones más popular del mundo romano.
Como no podía ser de otro modo, el Circo es la expresión máxima del antiguo hipódromo griego, pero mucho más grande en sus dimensiones y en el negocio y afición que llegó a suscitar. Uno de los grandes tópicos erróneos sobre el Circo romano es asociarlo a la lucha de fieras y espectáculos sangrientos de gladiadores. El Circo era un recinto meramente deportivo donde se realizaban carreras de carros, inmortalizadas para la historia del cine por Charlton Heston (Ben Hur) y Stephen Boyd (Messala) en aquella evocadora escena…

Ben-Hur

La planta del Circo era rectangular con los extremos anchos y redondos para favorecer la apertura en el giro de los carros. En una vista general se asemejaría a un estadio oval actual, pero mucho más alargado. La pista principal, llamada arena como en los anfiteatros, estaba partida en dos por un murete, la spina, que hacía de separador y podía ser muy simple o repleto de estatuaria, obeliscos u ornamentos en los recintos más grandes. En cada extremo de la spina se encontraba la meta, un pilar cónico. En el centro de aquel muro separador se encontraba el septem oba, el marcador manual generalmente representado con siete peces o delfines que se iban inclinando a cada vuelta que daban los corredores.
El Circo era uno de los símbolos de esplendor de Roma. No todas las ciudades tuvieron uno, sólo aquellas que su ciudadanía tuvo suficiente poder económico para sufragar su construcción allá sobre el siglo I d.C. Las ruinas desnudas de algunos de ellos han llegado hasta nuestros días, como los casos de Emérita Augusta, Segobriga o Toletum, pero la mayoría de ellos se encuentran hoy bajo el entramado urbano como sucede en Saguntum, Valentia o Calagurris. Por los primeros sabemos de sus dimensiones exactas; en el caso del emeritense tenía 400m de longitud por 30m de anchura, dando cabida a cerca de 30.000 espectadores. Circos más modestos como el de Valentia tenían un aforo cercano a las 3.500 almas, aun así cifras importantes para la escasa demografía de la época.

Foro y Circo de Valentia

Servirá de comparación que el Circus Maximus de Roma tras la reforma de César tenía 600m de pista por 200m de ancho y podía alojar cerca de 150.000 espectadores… ¡Hasta doce cuadrigas podían correr y girar en paralelo! Como sería de fastuoso aquel recinto para que Augusto colocase un obelisco egipcio en su spina y con el desmantelamiento de sus bloques en el siglo XVI se construyese la Basílica de San Pedro… Venerables piedras que no han dejado de ver espectáculos desde que fueron cinceladas.

Circus Maximus Roma

Pero los verdaderos protagonistas de aquellos eventos no eran los duunviros que pagaban el espectáculo o los emperadores que sufragaban tan magnas obras, sino quienes se jugaban la vida subidos a los carros para deleite de plebeyos y patricios: los aurigas. Muchos de ellos eran esclavos y si su carrera culminaba jalonada de éxitos podían comprar su libertad, aunque también se sabe de libertos compitiendo en todas las arenas del Imperio. No sólo tenían fervorosos aficionados masculinos, pues muchas matronas requerían de los favores de los grandes campeones. Los deportistas de élite siempre han sido objetivo de muchas fantasías…

Auriga

Aquellos arriesgados aurigas que se jugaban la vida en cada carrera conducían varios tipos de carros: bigas (dos caballos), trigas (tres) o cuadrigas (cuatro), siendo estos últimos los que retenemos en nuestras retinas cuando nos imaginamos las carreras, quizá también como influencia de la mencionada Ben-Hur. Quizá el auriga más afamado en todo el Imperio fue Cayo Apuleyo Diocles, un hispano lusitano que llegó a correr durante veinticuatro años, un gran logro en profesión tan peligrosa. Participó en 4.257 carreras de las que ganó 1.462, victorias que le cosecharon la indecente cantidad de 35 millones de sestercios. Falleció como un gran potentado a los cuarenta y dos años de edad en su villa de Praeneste (Italia)… La costumbre de pagar bien a los corredores no es un invento de la Fórmula 1. Diocles fue un auténtico “Fernando Alonso” de las riendas.

El martes, la narración de una carrera de cuadrigas por nuestro Antonio Lobato (Gabriel Castelló)

Colaboración de Gabriel Castelló.

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Los errores de Occidente respecto al mundo musulmán.

11 feb
11 febrero 2011

Tras la publicación del post relativo a lo que podría ocurrir en Túnez y Egipto tras los acontecimientos de estos días, hubo varios comentarios de Jake la motta en los que dejaba claro que tenemos, o tengo,  una visión sesgada y errónea del mundo musulmán, en general, y del islam, en particular. Siempre he tenido claro que las diferentes opiniones, expresadas con argumentos, enriquecen cualquier debate; así que le pregunté si estaría dispuesto a escribir un post con los errores, que a su juicio, comete Occidente al tratar el mundo musulmán y el Islam. Su respuesta es esta:

Los errores de occidente y su percepción del mundo árabe son muchos y variados; sin embargo, el error más grande es que Occidente ha superado todos los umbrales de incompetencia ética. Y con esos mimbres se usa del etnocentrismo más atroz, los prejuicios y el desdén por una cultura simplificando las realidades. Incapaces de advertir su propia incompetencia moral, Occidente no se mira el obligo, y acusa de integrismo la relación vívida que los musulmanes tienen con su propia religión. Esto no es un panegírico del mundo musulmán. En el mundo musulmán hay canallas, hay buenos y hay malos; en definitiva, en el mudo musulmán hay hombres, como aquí, como allá. Pero si hay algo que nunca han realizado los musulmanes es el crimen lógico, ni la inmoralidad política, su religión no se lo permite. Y eso se puede argumentar incluso para casos extremos, como fueron los atentados terroristas, y el término de yihad.

El error de Occidente ha sido creer que los avances, el progreso, colocaba a la civilización Occidental por delante de todas las civilizaciones de la historia universal. 2000 años de era Cristiana son un cifra considerable. La civilización Egipcia duró 3000, la sumeria 1500; el error de la civilización cristiana es el egocentrismo. La caída del muro de Berlín supusieron vientos de cambio y de esperanza en que la libertad se desaparramada. Pero el error de Occidente es que necesitaba un interpretación maniquea de la verdad y de la maldad y que las ideas de libertad y de democracia son un camelo: el Poder es la Verdad. Cayó el muro de Berlín y se necesitaba buscar un enemigo. Occidente siempre necesita enemigos, y los atentados del 11 de septiembre fueron la excusa perfecta. La verdad es la voluntad del más fuerte, y se inventó un término: Guerra de civilizaciones. Como ayer fue guerra de clases o guerra al comunismo, se impuso una nueva verdad, la verdad del Poder. El choque entre dos civilizaciones Occidente y Oriente. El error de Occidente es que esa es una verdad falsa. El mundo musulmán no quería esa guerra. El mundo musulmán nunca ha querido las guerras. No las ha escamoteado nunca, nunca ha sido un pueblo cobarde. Nunca las ha iniciado.

El error de Occidente es un error de orgullo, y es un error de espiritualidad. El Islam, en todo caso, es una esperanza. Martin Heidegger fue consciente de que el hombre moderno, el nacido por el cartesianismo y el racionalismo, había perdido el interés por el Ser. Malraux escribió que el siglo XXI será religioso, o no será. El islam es la esperanza. Occidente equivocó el camino, pese a sus grandes avances tecnológicos y científicos: el pragmatismo ha sido de gran ayuda.

El error de Occidente es que se ha convertido en la civilización más grande, más poderosa, más destructiva, más egoísta y más inmoral que ha poblado el planeta tierra. Si existe una civilización capaz de destruir el planeta esa es, sin duda, la civilización Occidental. La civilización árabe es también una civilización de hombres y mujeres, se dice que anclada en el pasado; pero eso no es cierto. Los vientos de cambio también llegaron a ellos, los grandes valores de la ilustración se desparramaban, secularizando sus sociedades. Las ideas siempre ha circulado por este mundo, y las civilizaciones nunca han sido compartimentos estancos.

El error de occidente es hablar de democracia como si el invento fuera suyo, y no hablar de que los gobiernos se sustentan por legitimidades y por la crueldad. Que el fin justifica los medios, que las bombas de racimo se siguen usando y que a la población civil se la bombardea sin escrúpulos, del mismo modo que las tribus comanches eran confinadas, sus poblados arrasados, y sus víveres arrojados al lodazal.

El error de occidente es darla con un hueso duro: el del buen salvaje. Tratar a la milenaria religión de Mahoma y su civilización como incivilizada y sin cultura. Los errores de Occidente son muchos y variados, y uno de ellos es el de pisar el orgullo de una cultura milenaria de pastores y guerreros, de médicos y científicos, de artistas y arquitectos, de traductores y escritores, de mercaderes, de  comerciantes y de artesanos, que nunca ha pecado contra su Dios.

El error de Occidente ha sido el crimen.

Las tres culturas. Frigiliana (Málaga)

Las tres culturas. Frigiliana (Málaga)

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Evolución y Creacionismo

09 feb
9 febrero 2011

Abordamos, en buen momento, un tema en boca de todos, hoy en día más si cabe, tras el aluvión (o fabadón) de nuevos adeptos al Creacionismo.

La Evolución de las Especies fue redactada a finales de un siglo y principios del siguiente por Sir Chearles Darwin (conocido delfín televisivo). Las bases por altura partido por dos de su teoría se asientan en la siguiente aseveración:

Todo ser vivo actual (los muertos son despreciados) tienen una serie de antepasados anteriores a él en el tiempo, mucho más tontos y más feos que el ser vivo en cuestión.

Darwin, rápidamente, estableció vínculos de parentesco entre especies de fisionomía similar, siempre bajo la premisa de que la especie denominada ‘anterior’ fuera más tonta y más fea que la especie ‘posterior’.

Así pues se establecen líneas evolutivas entre esponjas y medusas, cefalópodos y crustáceos, peces y lagartos, reptiles y aves, simios y homínidos y así hasta completar una larga lista.

A su vez se asegura que todo ser vivo actual desciende directamente de la especia más tonta y fea hasta ahora encontrada, un organismo unicelular tonto a rabiar y feo hasta decir basta.

Dicho ser pasaría a lo largo de la línea cronológica de la vida por los distintos estadios de inteligencia (o tontura) y belleza (o feura) dividiendo su línea evolutiva en infinidad de ramas, de las cuales alguna estancó su evolución (de ahí que hoy haya seres tontos y feos) y otras continuaron y continúan su evolución de manera dispar.

Esta compleja teoría choca de frente contra la corriente Creacionista cuya defensa a ultranza de un ser bello e inteligente deja al resto de las especies en poco menos que experimentos de la naturaleza o, incluso, de Dios.

Saltamos, pues,  a la línea opuesta…

Hablamos del Creacionismo, teoría surgida espontáneamente en algún momento de un siglo y principios del siguiente.

Las bases del Creacionismo fueron sentadas por estar cansadas de pie. Un libro, hoy llamado Biblia, apareció  espontáneamente en una mesa fabricada espontáneamente de una pequeñita casa espontánea del pueblo de Kaboom, en el convulso Oriente Próximo Espontáneo. En este libro, en su primera y espontánea parte, se relata el origen de muchas especies de seres vivos espontáneos, los conocidos por las gentes de finales de ese siglo.
Obviamente, esto que podría parecer dejar de lado a algunas de las especies hoy conocidas y ser por tanto la negación de su existencia no es tal; simplemente la primera versión espontánea de la Biblia es una versión reducida y contada a las gentes, no un tratado ciencífico-infuso completo sobre todas las formas de vida.

Por tanto, podemos definir el Creacionismo como una “teoría que asegura que todos y cada uno de los seres vivos fueron creados y a su vez serán destruidos en modo y lugar espontáneo por un ser superior todopoderoso al que llamaremos Dios”.

Algunos científicos (los más vagos) siguen fervientemente hoy en día esta corriente y alegan que no es necesaria la elavoración elaboración de cientos de tratados para definir el origen de cada especie cuando está claro que fueron creadas espontáneamente por capricho o necesidad de Dios.

Otros científicos, por el contrario, defienden que esta teoría adolece de bases en las que sustentarse e incluso que incurre en numerosas contradicciones, a saber:

  • ¿Es Dios capaz de crear un ser más poderoso que él?. Esta pregunta niega en cualquiera de sus respuestas la omnipotencia del Ser Divino.
  • ¿Es Dios capaz de crear una roca que ni Él mismo pueda levantar?. Estamos ante la misma disyuntiva anterior.
  • ¿Qué Demonios ha movido a Dios a crear el ornitorrinco?.

El principio máximo de esta teoría se centra, precisamente en el ser humano, creado, a diferencia del resto de seres vivos, a imagen y semejanza de Dios. De esta manera explican, tirando por los suelos el principio Evolucionista, que haya seres humanos mucho más feos y mucho más tontos que sus antecesores.

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La última nómina de Franco

08 feb
8 febrero 2011

Ya hemos hablado de las finanzas de Franco y sus ingresos extraordinarios con el alcohol, pero ahora tenemos una copia de su nómina de noviembre de 1975 (su última nómina). La suma de todos los conceptos (es curioso el valor de la Cruz de María Cristina, casi tanto como el sueldo) asciende a 168.477 ptas. que con las deducciones se quedaba en 154.710 ptas.

Para hacernos una idea del valor real de esa nómina os pondré algunos ejemplos de los precios de mediados de los 70:

Un televisor costaba 25.000 pesetas y un tocadiscos 6.388 pesetas.
El coche de moda era el Renault 5, en 1972, unas 131.810 pesetas. Un coche de gama alta tipo berlina familiar estaba en 1976 a 205.000 ptas.
Un piso en Madrid o Barcelona, de unos 80 metros, algo más de 2 millones de pesetas
El décimo la lotería de Navidad en 1977 nos costaba 2.000 pesetas y el premio era de 20.000.000 pesetas.

Última nómina de Franco

Última nómina de Franco

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