Existe el hipódromo, el canódromo, el aeródromo, el autódromo y, en tiempos de la posguerra, el tontódromo.

Este curioso lugar «de tonteo» estaba situado en los paseos, calles principales o plazas  de las distintas poblaciones (calle Serrano en Madrid, paseo Alfonso X el Sabio en Murcia, la Plaza Mayor en Salamanca, calle Maestra en Jaén,  el Paseo de la Concha en San Sebastián…). Los días de fiesta, y después de misa, acuden las pandillas de jóvenes de clase media. Ellos y ellas, por separado, acuden con sus mejores galas, repeinados y entremezclándose suaves aromas (agua de colonia de las madres) y fragancias varoniles (after shave tomado prestado del padre).

Comienza el ritual… Ellos, se pavonean como reclamo para cazar alguna presa que les permita algo más que un beso – aunque también los hay que buscan novia formal-; ellas, lanzan sus redes para ver si cae algún «pececillo» que las lleve al altar. Ellas, aconsejadas por sus madres, saben que sólo podrán casarse si mantienen intacto su preciado «tesoro». La caza y la pesca se pueden dar en el mismo medio.

Fuente: Los años del miedo – Juan Eslava Galán, De la alpargata al seiscientos – Juan Eslava Galán
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