En este libro nos presenta Mª Pilar Queralt la historia de varias mujeres que a lo largo de la historia y por diferentes motivos han marcado un antes y un después. Ella las define como “mujeres de vida apasionada”, aunque en realidad se las podría denominar de muchas otra formas. Se trata de mujeres con vidas excepcionales, algunas arrebatadas por pasiones amorosas, otras por el deseo de llevar su voluntad hasta el límite, por el ansia de poder, por lo que ellas consideraban justo, otras arrastradas por la necesidad o la búsqueda de un sueño.

En cualquier caso, se trata de mujeres que no se dejaron llevar nunca por los convencionalismos de las diferentes épocas que les tocó vivir, que lucharon y vivieron como ellas pensaban que debían hacerlo, intentando encontrarse a ellas mismas en medio de las circunstancias adversas o del peligro, y que en muchos casos pagaron con su vida el derecho a vivirla como creían justo.

Y es que la dificultad de vivir las cosas con pasión, sea ésta del tipo que sea, la lucha interna por intentar lograr algo que se desea más que la propia vida, es lo que hace que ésta merezca la pena, porque el peor pecado que se puede cometer es dejar pasar los años sin pena ni gloria.

Con este libro, más allá de la historia de sus protagonistas, podemos conocer también el trasfondo histórico en que se movieron, dándonos una visión del desarrollo que las circunstancias femeninas han tenido a lo largo de la historia. Desde épocas antiguas (la bíblica Jezabel, Cleopatra, Agripina, Hipatia) hasta las princesas del s. XX (Astrid de Bélgica, Grace Kelly, la princesa Diana) pasando por tantas otras muy conocidas y otras no tanto, el punto común de todas estas mujeres está en su fuerza y en el modo que tuvieron de enfrentarse, a veces de forma desesperada, a los momentos más oscuros de sus vidas para intentar salir de ellos y encontrar lo que buscaban de la vida: el amor, la esperanza, el poder, la libertad. Cada una con sus propias motivaciones, sus razones para huir siempre hacia delante y no dejarse vencer por hombres que llevaban en poder en sus manos ni por una sociedad que muchas veces nos aborrega y no nos deja alcanzar lo más importante: la felicidad.

Creo que no debemos juzgar a ninguna de ellas, como no lo hace la autora. No debemos buscar la bondad o la maldad, el egoísmo o el interés, la candidez o la sibilina seducción que reside en cada una de ellas, porque básicamente fueron mujeres que pensaron que siempre hacían lo correcto, lo que debían hacer. Más allá de que las actuaciones de cada una de ellas nos inspiren individualmente simpatía o repulsión, de casi todas ellas sale una enseñanza. Y es que cada persona en el mundo debería hacer lo que ellas hicieron: VIVIR, con mayúsculas.

Reseña de Begoña (mi mujer)

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