Seguro que puede haber combinaciones peores pero “tonto, calzonazos y cornudo” creo que es una combinación suficientemente penosa como legado para la Historia.

Carlos IV de Borbón fue Rey de España desde el 14 de diciembre de 1788 hasta el 19 de marzo de 1808. No se caracterizó por ser un brillante monarca, yo diría que con pocas luces.


Siendo príncipe heredero y en una de las múltiples charlas con su padre, Carlos III, para instruirle en las complicadas artes del gobierno, le soltó a su padre:

Los reyes somos los únicos que podemos estar tranquilos de que nuestras esposas no nos engañan. ¿Dónde van a encontrar algo mejor que un príncipe?

Su padre le contestó:

¡Pero qué tonto eres hijo mío!

Años más tarde, y ya coronado como rey de España, cumplió el resto de los calificativos: su dejadez por las cuestiones políticas, el aislamiento para no contagiarse de las ideas surgidas tras la Revolución francesa y su falta de coraje para emprender reformas pusieron el gobierno en manos de su esposa María Luisa de Parma y de su valido, Manuel Godoy, de quien se decía que era amante de la Reina.

Fuente: El parche de la princesa de Éboli – Mª Pilar Queralt del Hierro

Share