Este mes tan relevante, puerta del verano, debe su nombre a la diosa Juno, esposa de Júpiter y reina de los cielos. El sincretismo grecorromano cambió a la primitiva Juno de funciones dentro del panteón divino. Dentro de sus atribuciones, la diosa también era la garante de la naturaleza y el matrimonio. Otras teorías apuntan a que era el mes de los jóvenes, junior. El mes se representaba en el calendario como una joven desnuda que señala con su índice un reloj de sol mientras porta en la otra mano una antorcha. Este simbolismo escenifica que a partir de este mes el sol comienza a bajar. La antorcha posee la gama de colores que salpican los campos en verano. Hay otra teoría que apunta a que Junio debe su nombre al primer miembro relevante de esta gens en la Historia de Roma, Lucio Junio Bruto. Este personaje fue el primer cónsul de Roma después de la expulsión de su tío, Tarquinio el Soberbio, último rey de origen etrusco. Una vez en su nuevo cargo, ratificado por el recién creado Senado de la nueva república, realizó un sacrificio público en pos de la libertad a la diosa Carna, hacedora de la vida humana.

 

Júpiter y Juno en el monte Ida (1790-1799) - James Barry

Júpiter y Juno en el monte Ida (1790-1799) – James Barry

En las kalendas de Junio tenían lugar los rituales en honor a la mencionada Carna, hermana de Diana y deidad polivalente que protegía los genitales masculinos, las digestiones y los quicios de las puertas. Era la diosa de los goznes, pues su poder abría lo cerrado y cerraba lo abierto. También ahuyentaba a los parásitos y los vampiros. Este día se comía habas con tocino, ritual que, según las creencias de entonces, mantenían la virilidad por un año. Curiosamente, había una prohibición manifiesta de casarse durante la primera quincena del mes…

El día 4 se conmemoraba la destrucción de Troya y la huída de Eneas, legendario antepasado de los fundadores de Roma.

El día 5 se invocaba a Divis Fidis, diosa de los juramentos. Éstos debían realizarse a cielo abierto, por eso el templo de la diosa tenía el techo abierto.

Este ritual estaba ligado también a Semo Sancus, el dios del juramento de origen sabino que con los años se asimiló al culto hercúleo.

El día 8 estaba consagrado a Mens y Venus. Los de Roma se erigieron para conjurar el desastre de Trasimeno frente a los cartagineses. Mens, diosa de la razón, era la encargada de dotar de buen juicio a los recién nacidos.

El día 9 tenían lugar las Segundas Vestales: el Templo circular de Vesta no podía tener ninguna reserva de agua en su interior, ya que esta es enemiga del fuego. La llama sagrada de Vesta debía estar siempre encendida y era vigilada celosamente por las vestales. Si se apagaba, debía ser encendida frotando dos trozos de madera de árbol fértil. Sólo podía apagarse una vez la año, el último día de Febrarius, para que la llama fuese renovada el primer día de Martius, último y primer día del año antiguo romano republicano.

Debido a esta prohibición de almacenar agua, las Vestales tenían que ir a diario a la fuente de las Camenas a por el agua necesaria para sus las labores rutinarias. Para ello utilizaban una vasija especial, la futile, un cántaro de boca ancha y de fondo apuntado que no se sujetaba en pie una vez lleno. Las Segundas Vestales eran especialmente celebradas por los collegium de panaderos y molineros, pues tenían estos oficios contacto directo con el fuego para la realización de sus productos. En estas festividades también participaban los asnos, animales consagrados a Vesta y usados para hacer girar la muela del molino. Se les adornaba con guirnaldas y collares de panecillos, al igual que a las muelas de los molinos, inactivas este día. Las matronas romanas acudían al templo descalzas para estar en contacto con la Tierra, identificada con la diosa Hestia / Vesta.

El día 11 se celebraban las Matrales. Este rito estaba dedicado a Mater Matuta, la diosa de la aurora y protectora de los alumbramientos. Sus atribuciones también mudaron con el tiempo, siendo en época imperial protectora de los navegantes. Las mujeres casadas una sola vez acudían a su templo del Foro Boario junto a sus sobrinos portando los testuacia, unos pastelillos dedicados a la divinidad.

Los Idus de Junio tenían lugar los quincuatros menores en honor a Minerva.

El día 23 se celebraba el matrimonio entre Júpiter y Juno. Era una fecha muy especial, el solsticio de verano. También era el día de Servio Tulio, legendario rey de Roma nacido del fuego y favorito de Fortuna hasta que fue asesinado por su propia hija. Como homenaje a este personaje se pasaba la noche en vela, prendiendo hogueras para que la luz del sol no decaiga. Para conseguir buenos augurios había que saltar estas hogueras un número impar de veces, preferiblemente tres o siete. En la costa mediterránea aún seguimos manteniendo este ritual milenario. Pero ahora se le conoce como la Noche de San Juan.

Obviamente, el día 24 estaba dedicado a Jano, dios de los cambios. Se conocía a este día como “La Puerta de los Hombres” en contraposición al invernal, conocido como “La Puerta de los Dioses”, pues desde esta fecha acorta el día.

El día 30 se consagraba a las musas. Eran nueve hermanas fruto de nueve largas noches de amor. Son las garantes de las artes en el mundo; éstos son sus nombres y sus funciones:
Calíope: poesía épica; Clío: historia; Polimnia: pantomima; Euterpe: flauta; Terpsícore: poesía ligera y danza; Erato: lírica coral; Melpómene: tragedia; Talía: comedia; Urania: astronomía.

Colaboración de Gabriel Castelló autor de Archienemigos de Roma