En tiempos de la dictadura franquista, desde el final de la Guerra Civil Española en 1939 hasta la muerte de Franco en 1975, muchas cosas cambiaron en nuestro paí­s, y una de las más chocantes era el “protocolo” de las comunicaciones.
Cuando te dirigí­as a un organismo oficial por teléfono la respuesta de la telefonista era: “¡Arriba España! Dí­game“, a lo que habí­a que responder: “¡Arriba España!”

Las peticiones/reclamaciones/solicitudes oficiales debí­an finalizar con : “Es gracia que espera alcanzar de Vd. cuya vida guarde Dios muchos años“. Sin esta coletilla se archivaban directamente en la papelera.

Y las cartas, incluso las privadas, para pasar la censura debí­an encabezarse con: “Saludo a Franco. ¡Arriba España!” y terminar con: “Por Dios, España y su revolución Nacional-Sindicalista“. Me imagino una carta “subida de tono” entre una fogosa pareja (como ejemplo utilizaré una carta de James Joyce a su mujer Nora Barnacle):

Saludo a Franco. ¡Arriba España!
Como sabes queridí­sima, nunca uso palabras obscenas al hablar. Nunca me has oí­do, ¿verdad?, pronunciar una palabra impropia delante otras personas. Cuando los hombres de aquí­ cuentan delante de mí­ historias sucias o lascivas, apenas sonrí­o. Y, sin embargo, tu sabes convertirme en una bestia. Fuiste tu misma, tú, quien me deslizaste la mano dentro de los pantalones y me apartaste suavemente la camisa y me tocaste la pinga con tus largos y cosquilleantes dedos y poco a poco la cogiste con la mano y me masturbaste despacio hasta que me vine entre tus dedos, sin dejar de inclinarte sobre mí­, ni de mirarme con tus ojos tranquilos y de santa. También fueron tus labios los primeros que pronunciaron una palabra obscena. Recuerdo muy bien aquella noche en la cama en Pola, te rasgaste el camisón con violencia y te subiste encima para cabalgarme desnuda. Te la metiste y empezaste a cabalgarme para arriba y para abajo. Recuerdo que te inclinaste hacia mi cara y murmuraste con ternura: “¡Fuck me, darling!”
Una pregunta, Nora. Sé que fui el primer hombre que te echó un polvo, pero, ¿te masturbó un hombre alguna vez? ¿Lo hizo alguna vez aquel muchacho que te gustaba? Dí­melo ahora, Nora, responde a la verdad con la verdad y a la sinceridad con la sinceridad. Cuando estabas con él de noche en la oscuridad de noche, ¿no desabrocharon nunca, nunca, tus dedos sus pantalones ni se deslizaron dentro como ratones? ¿Le masturbaste alguna vez, querida, dime la verdad, a él o a cualquier otro?  Si no estás ofendida, no temas decirme la verdad. Querida, querida esta noche tengo un deseo tan salvaje de tu cuerpo que, si estuvieras aquí­ a mi lado y aún cuando me dijeras con tus propios labios que la mitad de los patanes pelirrojos de la región de Galway te echaron un polvo antes que yo, aún así­ correrí­a hasta ti muerto de deseo.
Dios Todopoderoso, ¿qué clase de lenguaje es este que estoy escribiendo a mi orgullosa reina de ojos azules? ¿Se negará a contestar a mis groseras e insultantes preguntas? Sé que me arriesgo mucho al escribir así­, pero, si me ama, sentirá que estoy loco de deseo y que debo contarle todo.
Cielo, contéstame. Aun cundo me entere de que tu también habí­as pecado, tal vez me sentirí­a todaví­a más unido a ti. De todos modos, te amo. Te he escrito y dicho cosas que mi orgullo nunca me permitirí­a decir de nuevo a ninguna mujer.
Mi querida Nora, estoy jadeando de ansia por recibir tus respuestas a estas sucias cartas mí­as. Te escribo a las claras, porque ahora siento que puedo cumplir mi palabra contigo. No te enfades, querida, querida, Nora, mi florecilla silvestre de los setos. Amo tu cuerpo, lo añora, sueño con él.
Háblenme queridos labios que he besado con lágrimas. Si estas porquerí­as que he escrito te ofenden, hazme recuperar el juicio otra vez con un latigazo, como has hecho antes. ¡Qué Dios me ayude!
Te amo Nora, y parece que también esto es parte de mi amor. ¡Perdóname! ¡Perdóname!
Por Dios, España y su revolución Nacional-Sindicalista

¿Pasarí­a la censura esta carta?

Fuente: Los años del miedo – Juan Eslava Galán
Foto: Realidades paralelas

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