El gran Francisco de Quevedo fue uno de nuestros grandes literatos que utilizó la sátira, la burla y la ironía como nadie. Si se pudiera trasladar a este genio de las letras hasta nuestros días, también sería un gran político… yo diría el más grande.
Esta apreciación no es gratuita, tiene su explicación. Los políticos hoy en día, no sé que habremos hecho para sufrir este castigo, tienen que ser unos virtuosos en la práctica del discurso en el que “nos la meten doblada” pero de tal forma que no nos enteramos e incluso nos gusta. Y en ésto Quevedo era el mejor.
En una reunión de escritores, en la que todos conocían la facilidad de Quevedo en el manejo de la ironía, le retaron para que llamase coja a una dama de la corte que era muy arrogante/soberbia/presumida/petulante… pero que sufría de “cierta asimetría en sus extremidades inferiores” (vamos, que era coja) sin que se ofendiese. ¡Como no! Quevedo recogió el guante. Se dirigió a un jardín cercano y cortó un clavel reventón y una rosa roja, se acercó a la dama y le dijo:
Entre el clavel y la rosa, vuesa merced es-coja…
No sabemos la elección de la damisela pero sí que Quevedo ganó la apuesta.
Fuente: El parche de la Princesa de éboli – Mª Pilar Queralt
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