Cuando buceas por la historia te puedes encontrar sorpresas agradables pero también ingratas. Y, lamentablemente, entre estas últimas se encuentra la de hoy.
Aunque para muchos el hecho de considerar a una persona un artista/genio/virtuoso/… pueda hacerle olvidar/perdonar todo lo que a los demás se reprocharía; para mi no sirve. Siempre me ha resultado difícil separar la persona del artista/genio/virtuoso… Estoy hablando del gran poeta Rafael Alberti.
Después de leer varias noticias de Rafael Alberti me decidí a rebuscar en la hemeroteca de ABC y en internet para contrastar. Me resultaba difícil digerir todo lo que encontré y sólo hablaré de lo que documentalmente he podido contrastar. En la página 14 del diario ABC del día 23 de marzo de 1937 se publicaba la noticia de la visita de Rafael Alberti y Mª Teresa León a Stalin – dada la militancia comunista de los protagonistas nada raro ni reprochable -.
Lo que me asombra son los comentarios posteriores a la visita:
es más humano y más sencillo de todo lo que de él pueda decirse [...]
Nos han causado gran impresión su bondad, su conocimiento de los individuos y su deseo de verles dichosos.
su capacidad para resolver los problemas que se le presenta para llevar el bienestar a su inmenso país [...]
Y para rizar el rizo, Rafael Alberti dedicó un poema a Stalin tras su fallecimiento:
José Stalin ha muerto
Padre y maestro y camarada
Quiero llorar, quiero cantar
Que el agua clara me ilumine
Que tu alma clara me ilumine
En esta noche que te vas
No creo que haga falta recordar “los esfuerzos de Stalin para conseguir el bienestar de su pueblo“, pero estamos hablando de millones de muertos (es difícil establecer la cifra exacta) entre fusilados, campos de concentración (gulag) y hambrunas provocadas (Ucrania, Kazajistán…), y millones de desaparecidos y deportados.
¿Cómo es posible que el autor de ese poema miserable y de éste sea el mismo?
Se equivocó la paloma,
se equivocaba.
Por ir al norte fue al sur,
creyó que el trigo era el agua.
Creyó que el mar era el cielo
que la noche la mañana.
Que las estrellas rocío,
que la calor la nevada.
Que tu falda era tu blusa,
que tu corazón su casa.
(Ella se durmió en la orilla,
tú en la cumbre de una rama.)

























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