Tras el intento de asesinato del zar Alejandro II, se creó, dentro del cuerpo de policía, la Ojrana. Esta organización, secreta, estaba formada por agentes seleccionados de la nueva promoción de la policía y su función era la protección del zar. Se infiltraron en los grupos revolucionarios (anarquistas y socialistas) contrarios al zar. Incluso Josef Stalin podía haber sido un agente infiltrado en el Partido Bolchevique. Denunciaban, controlaban, detenían y, a veces, ejecutaban a los suversivos al poder zarista. Estas eran las directrices de su filosofía:
- Â La Seguridad Política debe tender a destruir el movimiento revolucionario en el momento de su mayor actividad y no desviar su trabajo dedicándose a empresas menores.
- De manera que el principio es: dejar desarrollarse el movimiento para luego liquidarlo mejor.
- Evitar con el mayor cuidado entregar a sus colaboradores. A este fin, no detenerlos ni dejarlos en libertad más que cuando otros miembros de igual importancia pertenecientes a la misma organización revolucionaria puedan ser detenidos o liberados.
- Facilitar a sus colaboradores el ganar la confianza de los militantes.
- El reclutamiento de agentes secretos debe ser la constante preocupación del director de Investigaciones y de sus colaboradores. No deben desaprovechar ninguna oportunidad, aunque presente pocas probabilidades de conseguir agentes… Esta tarea es extremadamente delicada. Es necesario, para poder realizarla, tomar contacto con los detenidos políticos…
- Deberán ser considerados como propensos a ingresar al servicio los revolucionarios débiles de carácter, los agraviados por el partido, los que vivan en la miseria, los evadidos de lugares de deportación o los pendientes de ser deportados.
- El Instructivo recomienda estudiar “con cuidado” las debilidades del individuo y aprovecharlas; conversar con sus amigos y parientes, etc.; multiplicar “constantemente los contactos con los obreros, con los testigos, con los padres, etc., sin jamás perder de vista el objetivo…”.
- Podemos utilizar los servicios de revolucionarios que se hallen en la miseria que, sin renunciar a sus convicciones, acepten entregar informaciones por necesidad…
- Colocar soplones junto con los detenidos es de una excelente utilidad.
- Cuando una persona parece madura para entrar en el servicio -es decir, cuando se trata, por ejemplo, de un revolucionario moralmente destruido, atribulado, desorientado tal vez por sus propios fracasos-, deberán agregársele a su causa otras acusaciones peores para tenerlo mejor atrapado.
- Interrogar a la persona en una entrevista personal. Sacar ventaja, para convencerlo, de querellas entre los grupos, de errores de militantes, de cosas que hieran su amor propio.
- Las cartas de los colaboradores secretos deben estar escritas con escritura irreconocible y no contendrán sino expresiones corrientes. Servirse de papel y de sobres que estén de acuerdo con el nivel social del destinatario. Emplear tinta simpática. El colaborador deposita él mismo sus cartas. Cuando las recibe, está obligado a quemarlas después de haberlas leído. Las direcciones convencionales no deben apuntarse nunca.
- Los agentes secretos no deberán conocer jamás las informaciones proporcionadas por sus colegas.
- Un colaborador nuestro que trabaja en puestos de segunda en una organización revolucionaria, puede ascender en ésta con sólo que sean arrestados militantes de mayor importancia.
- Mantener el absoluto secreto de la provocación es, naturalmente, uno de los mayores cuidados de la policía.
- El agente jura guardar secreto absoluto; al entrar en servicio no debe modificar en nada sus costumbres habituales
- Los contactos se hacen por medio de señales convenidas de antemano. La correspondencia se dirigirá a direcciones convencionales.
Pese a todos estos “controles” el régimen zarista caía en 1917 con la revolución bolchevique. Si bien, ya no tenía sentido la Ojrana, creada por los zaristas, los bolcheviques la “reconvirtieron” y utilizaron para su causa. Se mulitiplicaron los agentes y se cambió el nombre por el de Tscheka, en 1920 por el de GPU y posteriormente NKWD (Comisión del Pueblo para los Negocios Internos). La NKWD contralaban los campos de concentración (idea de Lenin y cuyo apogeo llegó con Stalin); los campos tenían una doble finalidad: controlar a los oponentes al régimen y servir de mano de obra barata.
De la extinta NKWD surgió la KGB con un poderoso ejército de 175.000 miembros. El mayor servicio secreto de la historia.
Para saber más: Las sociedades secretas y su poder – Jan Van Helsig y Wikipedia
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