No sé si os ha pasado a vosotros también, pero yo siempre he relacionado el término “aborí­genes” con los habitantes originarios de Australia, aunque “aborigen” significa originario del lugar en que vive / primitivo poblador de un lugar (independientemente sea Australia, Argentina, China, España…). Etimológicamente proviene del latí­n “aborigines” (los que están desde el origen).

Según una leyenda romana, los aborí­genes eran los primeros habitantes de la zona central de la pení­nsula itálica. Eran nómadas, sin leyes ni ciudades, y se alimentaban de frutos silvestres. Su rey era Latino.

Eneas huye de Troya

Eneas huye de Troya

Cuenta la leyenda que Eneas, héroe troyano junto a Héctor, desembarca en la zona controlada por Latino y comienza a edificar una ciudad. El rey no puede consentir tal afrenta y reune al ejército para enfrentarse a Eneas y sus troyanos. Cercan a los intrusos y cuando están preparados para la batalla… Una divinidad indí­gena aconseja a Latino unirse a los extranjeros, y así­ lo hace el rey de los aborí­genes. Ceden una parte de su territorio para que se establezcan y los troyanos se comprometen a ayudarles a luchar contra Turno, rey de los rútulos.

Como muestra de agradecimiento, Latino entrega a su hija, Lavinia, en matrimonio con Eneas, y éste, da el nombre de Lavinio a la nueva ciudad. Como estaba escrito, los rútulos y los aborí­genes, ayudados por los troyanos, se enfrenta en una gran batalla. Los aborí­genes salen victoriosos pero su rey, Latino, ha muerto; le sucede en el trono Eneas. Los dos pueblos, aborí­genes e inmigrantes troyanos, se fusionan en uno y adoptan el nombre de latinos como homenaje al rey fallecido.

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