Archive for month: julio, 2009

El silencio cómplice

31 jul
31 julio 2009

Como decí­a Martin Luther King:

Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crí­menes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos

Todos los que formamos esta sociedad, menos “ellos“, hemos sufrido, sufrimos y sufriremos con la barbarie y los cobardes asesinatos como los perpetrados ayer. Peor que sus miserias es nuestro silencio, pero nunca lograrán callarnos ni cederemos ante sus rastreros chantajes.

El gran Luther King se olvido del silencio cómplice de los que les apoyan, escondidos con su máscaras entre los que sufrimos y gozando en su interior. No nos engañemos, a estos miserables les respalda y cobija un entramado social sin el que hace tiempo que habrí­an desaparecido.

Yo os desenmascaro, sólo tengo una duda:

cuando os quite la máscara no sé si me encontraré con una hiena de sonrisa permanente o con una rata asquerosa y huidiza.

Yo os denuncio, y no tengo dudas:

pasaréis a la Historia junto a Mao Zedong, Stalin, Adolf Hitler, Pol Pot, doctor Mengele, Jack el Destripador, el Carnicero de Rostow, Goebbels… gente de vuestra calaña.

Foto: Távola Redonda

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La Epopeya del Gran Sitio de Malta – James Jackson

30 jul
30 julio 2009

Hasta hace unos años si alguien me hubiese preguntado sobre Malta sólo le hubiese dicho que era un pequeña isla-estado en el Mediterráneo en la que situaba a los Caballeros Hospitalarios de San Juan o la Orden de Malta y que España le ganó 12-1… bueno, y que el portero era un tal Bonello (o algo así­). Pero el destino quiso que en el año 2005 recorriese durante una semana Malta – incluidas Gozo y Comino – y descubriese este paí­s mezcolanza de diferentes culturas y en el que los aficionados a la Historia pueden disfrutar. A finales de junio llegó a mis manos, gracias a Ví­a Magna, el libro “La Epopeya del Gran Sitio de Malta” de James Jackson, experto en seguridad y defensa militar.

La trama de la novela está basada en el asedio al que fue sometida la isla de Malta (con los caballeros hospitalarios a la cabeza) en 1565 por el imperio otomano. La primera sorpresa al comenzar a leer la novela llega en las primeras páginas, la preparación del ejército de Solimán “el Magní­fico” y la puesta en marcha sólo abarca unas 50 páginas, el resto, hasta completar las 446, recrean los casi cuatro meses que duró el sitio. No es de extrañar que James Jackson sea un experto en seguridad y defensa militar, pues a lo largo de toda la novela nos muestra su conocimiento en este terreno: tanto en las estrategias y los ofensivas turcas como en la defensa de los malteses.

La insistencia del imperio otomano por el control de Malta tiene su explicación en su situación estratégica en el Mediterráneo, así­ como en el exterminio de la Orden Hospitalaria de los Caballeros de San Juan establecidos en Malta – cedida por el emperador Carlos I – tras su expulsión de Rodas.

El poderoso ejército del Solimán, con Mustafá Pasha y el almirante Piali a la cabeza, y la colaboración del pirata Dragut contra los fuertes de Malta custodiados por unos cientos de caballeros, la población maltesa y algún que otro protagonista sin oficio ni beneficio (como Christian Hardy). Apoyados, los unos,  en los temibles jení­zaros, arcabuceros, cañones de todos los calibres, la gran flota turca, el miedo al fracaso frente al poderoso Solimán y llevados por la voluntad de Alá; los otros, en la Orden con el Gran Maestre la Valette (por el que se le dió el nombre a la capital) como cabeza visible de la resistencia, en la fé cristiana y en los héroes casi anónimos de todas las batallas. Si a todo esto le unimos una historia de amor, la amistad, la traición, el sacrificio, el ingenio, la Historia con mayúsculas y una balanza, que caprichosa, se inclina hacia un lado u otro, el resultado es una novela tan bien escrita y detallada que si alguna vez tienes la suerte de visitar Malta,  podrás recrear el Gran Sitio cuando recorras los muros de San Telmo o San Miguel, las calles de Mdina o Birgú y cualquier reflejo a tu espalda podrá ser el brillo de una cimitarra empuñada por un jení­zaro dispuesto a… quieto Javier, que te emocionas.

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LoH: Novus Ordo Seclorum

29 jul
29 julio 2009

Volaba el año 1776 y la Orden de los Iluminados, secesión de la famosa y extendida masonerí­a, y centrada en el campo cientí­fico de la electricidad, está a punto de ser fundada.

Hartos del mal uso y despilfarro que se realizaba en el siglo XVIII con las iluminaciones de calles, avenidas y rotondas de las ciudades, así­ como en los florecientes estadios de fútbol como el Santiago Bernaverluz, Adam Weishaupt y Adolph Von Knigge, reunidos en un oscuro claro (qué paradoja) del bosque de Ingolstadt en Baviera, deciden sentar las bases por las que se regirá la incipiente orden.
Tras muchas discusiones, deciden que el principio principal de la orden es el máximo secretismo, por lo que tras este acuerdo finalizaron dichas discusiones, pues ambos estaban obligados a guardar secreto.

Efectivamente, lo que podrí­a parecer un hándicap a la hora de captar nuevos miembros, se convirtió en un espectacular reclamo, pues por todos es conocida la curiosidad humana. Pronto, pues, se unieron adeptos a las causas de la orden, que si bien eran desconocidas por todos sus miembros éstos las aceptaban de buen grado.

Pese al gran secretismo, pocas cosas escapan a los ojos de la historia y bien conocida y documentada es su lucha en el campo de la electricidad.

Por aquestas fechas, como señalábamos, la iluminación estaba bien estendida por todos los rincones de Europa y parte del extranjero, siendo las bombillas de cloro las más utilizadas en los menesteres de alumbrar. Estas bombillas, son áltamente contaminantes, de un potencia luminosa muy limitada y un coste muy elevado. Es por ello que tanto Weishaupt como Von Knigge, para montar su enorme taller de orfebrerí­a y confección y ante el gran reto de proveer de luz a sus empleados, se niegan a utilizar dichas bombillas para tal efecto.

Tras varias visitas al Leroy Berlí­n y no encontrar más bombillas que las mencionadas debido al monopolio que Osram posee sobre la iluminación, con estratégicos acuerdos municipales e incluso, en pocos casos, gubernamentales, encuentran el slogan perfecto para la recién creada orden: Novus Ordo Seclorum (Nuevo orden sin cloro).

En efecto, a partir de este momento y ya teniendo slogan (que, por cierto, los miembros de la orden desconocí­an debido, nuevamente, al primer principio de la misma) los Illuminati inician una ‘cruzada’ contra el mencionado monopolio.
Reuniones con alcaldes, presidente, cardenales, incluso reyes y el mismí­simo Santo Padre no fructificaron en manera alguna, dato que ha llevado al error histórico de creer que la orden querí­a apartar de los poderes humanos a estas figuras institucionales, siendo su objetivo mucho más vanal y sencillo.

Cansados, sin embargo, de las continuas intromisiones de los iluminados, el duque Karl Theodor, presidente en ese momento de Osram, consigue haciendo uso de sus numerosí­simos contactos que se haga público el edicto mediante el cual los iluminados y cualquier asociación de ideologí­a relacionada con la masonerí­a, sean declarados ilegales y subversivos. Nadaba el año 1785.

Desafortunadamente, una dura persecución comenzó para acabar con los miembros de la orden no exenta de numerosas trabas, pues incluso habí­a miembros que desconocí­an pertenecer a la orden y miembros de la misma que pensaban que no eran tales.

Finalmente, y tras la muerte del abad Lanz al que se le encontraron numerosos documentos secretos, que secretamente tramaban la sustitución de todas las bombillas de cloro de los palacios reales y Casas Santas del mundo, la voz corre como la pólvora por la sede de Osram, que rápidamente, cierra o renueva sus contratos de iluminación con la nobleza europea asegurándose así­ un futuro que todaví­a a dí­a de hoy es visible incluso en nuestras propias casas (las que tienen luz eléctrica, se entiende).

Derrotados completamente, en la actualidad, la orden se reduce a unos cuantos miembros (entre ocho y noventamil) que siguen luchando por establecer este utópico Nuevo Orden sin Cloro, bajo el slogan de: “Por un desarrollo sostenible”

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El lenguaje de las Rosas

28 jul
28 julio 2009

La simbologí­a de las rosas tiene una larga y arraigada tradición en diferentes culturas, aunque muchas veces es desconocido su significado. Un regalo de rosas rojas (hace mucho que no le regalo rosas rojas a mi mujer… lo solucionaré) lo relacionamos con el cortejo y el amor; en Occidente, un rosa suspendida sobre una mesa significaba que lo que los comentarios que se hiciesen eran sagrados, la rosa blanca se identifica con la discrección, la rosa tení­a una profunda relación con el catolicismo pues los rosarios se hací­an con escaramujos de rosal…

  • Rosa Roja

Las rosas rojas se consagraban a Venus y fueron un sí­mbolo del amor y la belleza. Según la tradición cristiana , las rosas rojas crecí­an de las gotas de la sangre de Cristo y la Virgen. Representa el fuego.

  • Rosa Amarilla

La rosa amarilla se suele asociar con los celos y la infidelidad. En 1759 se creó la Orden de la Rosa Dorada por decreto papal.

  • Rosa Blanca

Considerada la flor de la luna o de la luz, simboliza la pureza, la virginidad, el encanto y la discrección. Representa el agua.

  • Rosa Tudor

Esta rosa, con sus pétalos exteriores de un rojo intenso y los interiores de color blanco, simboliza la unión de las dos casas reales: la de York (la rosa bla nca) ) y la de Lancaster (la rosa roja). Enrique Tudor adoptó esta rosa como emblema después de casarse con Isabel de York en 1485.

  • Pétalos de Rosa

En el lmperio Romano los pétalos de rosa fueron muy apreciados. Las señoras los empleaban con frecuencia para preparar mascarillas faciales para eliminar las arrugas, los invitados a los banquetes los dejaban caer en sus copas de vino para retrasar la borrachera y los ejércitos victoriosos eran recibidos en las calles de Roma con pétalos.

Fuente: Signos y Sí­mbolos - Miranda Bruce-Mitford

Imagen: rosa.info

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La Historia según Juan Antonio Cebrián

26 jul
26 julio 2009

Como algunos de mis amigos saben tuve que aparcar un proyecto relacionado con la Historia e Internet (¡qué raro!); la presentación del proyecto iba a rendir un pequeño tributo a unos de mis “maestros”, Juan Antonio Cebrián. Contacté con Fernando Rueda, amigo y colaborador del Cebri, para que nos contase cómo sentí­a la Historia nuestro querido Juan Antonio. Ahora que el proyecta ha quedado aparcado me pareció muy atrevido- y estúpido dirí­a yo – que se perdiese esta perla y aquí­ os la ofrezco:

LA HISTORIA QUE JUAN AMABA.

La diferencia entre los profesores de historia, los historiadores y Juan Antonio Cebrián estaba en el enfoque de los temas, sin duda, pero también en algo especial: en su visión de la materia.
Juan Antonio no querí­a competir con ellos -respetaba su trabajo, los admiraba, pero consideraba que su terreno era otro-, simplemente querí­a acercar la historia que él amaba, los personajes que llenaron su adolescencia, a una mayorí­a de gente a quien la historia les parecí­a algo viejo, fuera de uso.
A diferencia de otros especialistas, Juan Antono sentí­a cada pasaje de la historia como una pelí­cula de aventuras. A sus personajes como héroes o villanos, con una causa humana y comprensible que explicaba sus bondades o pecados.
Juan Antonio veí­a la historia en pantalla grande y la transmití­a en Technicolor. Por eso consiguió su objetivo: acercar a la historia a decenas de miles de jóvenes y mayores que descubrieron tantas vidas épicas que les ilusionaron y les hicieron ver su vida de otra forma.
Juan Antonio, en definitiva, ha hecho por la historia más que la mayor parte de los especialists. Porque pensar en los jóvenes de hoy es la mejor forma de ganar el futuro.

Fernando Rueda

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LoH: Quasimodo, ecce natura

24 jul
24 julio 2009

Inicio mis andanzas en HdH de una manera un tanto extraña. Sí­, he venido aquí­ a arrojar luz sobre los hechos, pechos y personajes históricos condenados al más absoluto ostracismo, pero debéis permitirme que en mi primer artí­culo os hable, no de un personaje histórico, sino de la historia de un personaje. ¿Por qué? Bueno, primeramente, porque me apetece y segundamente, porque este personaje, sin duda, es un espejo en el que muchas personas podemos mirarnos…

Corrí­a en Parí­s el año 1482 y al pararse a descansar, topose de frente al Palacio de Justicia parisino. Esmeralda de Jesús, gitanilla de profesión engatusaba a las gentes con su famoso número de la cabra y la escalera, número extendido por todo europa, sí­, pero al que Esmeralda daba un toque de originalidad con una escalera de caracol.

Claude Frollo, archidiácono de Parí­s (esto es, mucho más que diácono; exactamente archi veces más) presencia ensimismado la belleza de esmeralda, sus movimientos, su pelo, sus ojos… Vamos, que enamorose, el hijo de Dios…
Departió con su empleado Quasimodo, campanero de profesión y abogado de vocación y acordaron raptar a la muchacha, siempre con las benevolentes intenciones que guarda un hombre locamente enamorado, más benevolentes si cabe tratándose de una muchacha de buen ver.

He aquí­ que Quasimodo es detenido en la tentativa de secuestro por el capitán de la guardia Febo de Chí¢teaupers. Su juicio no se hizo esperar y condenósele al escarnio público.

Nuestro protagonista gozaba de una belleza interior expléndida, sin embargo, la naturaleza púsole a prueba, como a tantos de nosotros, regalándole un cuerpo que, digamos, no facilitaba las relaciones sociales. Era feo.
A sus prominentes ojos saltones se le uní­an un patizambismo sinigual y una prominente chepa, o joroba, por la cual la gente le conocí­a, entrañablemente, como El Jorobado.

Dispúsose el escarnio, ambientado con una sesión de flagelacion digna de los mejores spa. Consumido y agotado, dolorido y sediento, Quasimodo agonizaba en la plaza. De entre la muchedumbre, de pronto, una muchacha, de larga cabellera negra y profundos ojos se acercó a él, ofreciole agua y consololo. La muchacha era Esmeralda.
Las lágrimas calleron por la cara del jorobado, intentando huir de las deformidades de su rostro, deseando caer al suelo para dejar de acariciar a tal esperpento de la naturaleza, huyendo de la indudable venganza que Dios cometió con ese asqueroso ser, repujnante, maloliente, sordo y… perdón, que me emociono. Volvamos al hilo…

Frollo, enamorado hasta los tuetanillos y sabedor de que Esmeralda suspira por el capitán Febo, urde un ingenioso plan, sin parangón en la historia de la humanidad… Apuñalar al capitán y echar la culpa a la muchacha, pio pio, que yo no he sí­o.

Y así­ fue. Tras los hechos, Esperalda es detenida y condenada a la hoguera. Nuevamente, tras juicio rápido por el Juzgado nº3 de lo penal de la Cite de la Ille, el público se congregaba en la plaza de Notre Dame a ver el espectáculo (cabe destacar que en Parí­s, en 1482 solo habí­a dos canales de televisión y la programación no era del todo atractiva).

En el mismo momento en el que los ayudantes del verdugo se disponen a ejecutar la fatal órden de ejecución, como una sombra deslizándose por las paredes de la imponente catedral, Quasimodo logra reducir a los ejecutores, rescatar a la muchacha e introducirla en el pórtico de Notre Dame, suelo sagrado, inmune a la justicia humana.
Acogida en sagrado en la catedral, Esmeralda es salvada de una muerte segura.

En estas alturas de la historia, Frollo no cabe en sí­ de mala leche. Decide sin embargo cambiar su estrategia. Dejar de rondar a Esmeralda como un quinceañero ronda en las discotecas y declararse directamente. Saca a la muchacha de la catedral y la da a elegir entre su amor  o la horca. Evidentemente, Esmeralda eligió la horca.

Frollo, cansado ya de cortejar a la muchacha, decide delatarla, entregarla a la justicia y, esta vez sí­, Esmeralda fallece irremediablemente.

Quiasimodo, roto por el dolor por la muerte de la que fué su salvadora y acaricí­andose la joroba, pronunció sus últimas palabras en vida (realmente, en muerte nunca llegó a pronunciar palabras, por lo que éstas se puedes considerar sus últimas palabras, sin más): !Yo querí­a estudiar derecho!

Tras un tremendo golpe de calor, o lipotimia, Quasimodo fallece abrazado al cadaver de Esmeralda, en una escena realmentente dolorosa vista con un contrapicado desde la torre derecha de Notre Dame de Parí­s.

Notre Dame, catedral, Notre Dame, testigo de humildad, testigo de heroí­smo, testigo de fealdad.

Ilustración: Alfred Barbou (1831)

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Los mártires mozárabes.

23 jul
23 julio 2009

Ya en tiempos de Al-Hakam I cobró fuerza entre la comunidad islámica la escuela malikí­, que propugnaba un seguimiento estricto de los prefectos del Corán. La presión sobre los mozárabes, sobre todo de Córdoba, comenzó a ser asfixiante.
En 822 muere sanguinario Al-Hakam I y le sucede su hijo Abd al-Rahman II, un buen gobernante que se ve envuelto en la radicalización hacia los cristianos. Los mozárabes comenzaron a exteriorizar su malestar. Un presbí­tero cordobés, Perfecto, se atrevió, en público, a tildar a Mahoma de falso profeta (la blasfemia contra Mahoma está penada con la muerte) y fue decapitado en el 850. Sólo sirvió para empeorar las cosas, los que se ofrecí­an voluntarios para el martirio aumentaban cada dí­a y las condenas a muerte crecí­an peligrosamente.
Álvaro de Córdoba y el presbí­tero Eulogio encabezaron la resistencia pací­fica contra la represión de la idealizada “libertad religiosa”. Viendo que se le iba de las manos, Abd al-Rahman II con los obispos mozárabes convocó el I Concilio de Córdoba en 852. Los obispos desaconsejaban el martirio, pero el emir no obtuvo lo que buscaba: que condenasen la conducta desafiante y los futuros actos de provocación martirial.
En 852 muere Abd al-Rahman II y llega al trono Muhammad I que, pareciéndose más a su abuelo, continuará con la represión. Las muertes continuaban, el sacerdote Rodrigo, Isaac, la virgen Flora, la monja Marí­a… Eulogio fue recogiendo en el libro “Memorias de los mártires” todos estos hechos; comenzó a cobrar importancia entre los mozárabes, e incluso fue elegido obispo de Toledo en 858, cargó que nunca ocupó porque necesitaba el visto bueno del emir y éste se opuso. Al año siguiente era acusado de ocultar en su casa a una conversa (la joven Lucrecia). La pobre fue ejecutada por apóstata siguiendo la ley islámica, pero Eulogio tuvo una oportunidad. Fue llevado ante el emir y esto es lo que pasó:

Emir: Comprendo que los plebeyos y los idiotas vayan a entregar inútilmente su cabeza al verdugo; pero tú, que eres respetado por todo el mundo a causa de tu virtud y tu sabidurí­a, ¿es posible que cometas ese disparate?. Escúchame, te lo ruego; cede un solo momento a la necesidad irremediable, pronuncia una sola palabra de retracción, y después piensa lo que más te convenga; te prometo no volver a molestarte.
Eulogio: Ni puedo ni quiero hacer lo que me propones. ¡Oh, si supieses lo que nos espera a los adoradores de Cristo! ¡Si yo pudiese trasladar a tu pecho lo que siento en el mí­o! Entonces no me hablarí­as como me hablas y te apresurarí­as a dejar alegremente esos honores mundanos. Despreciad los placeres de una vida impí­a; creed en Cristo, verdadero rey del cielo y tierra; rechazad al profeta que tantos pueblos ha arrojado al fuego eterno.

No hace falta decir que fue condenado a muerte. Eulogio (hoy San Eulogio) fue decapitado en marzo de 859. Desde aquel momento el movimiento de resistencia quedó huérfano y fue difuminándose poco a poco.

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La fonética inglesa jugó una mala pasada.

21 jul
21 julio 2009

Aunque hay varias teorí­as sobre el descubrimiento de Australia, como la de 1522 por el navegante luso Christopher de Mendoní§a o las de los españoles Quirós y Luis Vaez de Torres en 1606, lo cierto es que la gloria y el reconocimiento recayeron en el británico James Cook, con su mí­tico naví­o Endeavour, en 1770.

El estudio de la flora y de la fauna autóctonas deparó en más de una sorpresa; les llamó especialmente su atención unos curiosos animales que se desplazaban dando saltos. Así­ que, preguntaron a los aborí­genes por el nombre de aquellos animales:

“Kan Ghu Ru”, fue la respuesta.

Este término fue adaptado a la fonética inglesa y se convirtió en kangaroo (canguro), por lo que fue bautizado con este nombre. Cuando el idioma dejó de ser un problema entre británicos y aborí­genes, se dieron cuenta que el nombre con el que habí­an bautizado a los canguros querí­a decir “no te entiendo“.

Aquí­ es donde me pregunto si esta anécdota es cierta o si es simplemente una leyenda urbana, porque, supongo, que la respuesta a todas las preguntas de los británicos serí­a “kan ghu ru” y no solo a la pregunta por el nombre de los animales saltarines.

Fuente: El parche de la Princesa de EboliMª Pilar Queralt del Hierro

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La “carta cruzada” (1859): Una ingeniosa forma de burlar la tarifa de correos

16 jul
16 julio 2009

Las tarifas del sistema postal anglosajón de principios del siglo XIX dependí­an de la distancia entre el origen y el destino de la carta así­ como del número de hojas de papel que se usaban.

De hecho, la tarifa se duplicaba si se utilizaban dos hojas en una carta.

Como suele suceder, surgieron distintos métodos ingeniosos que burlaban este aumento de coste, como el de escribir la carta en una única hoja con letra diminuta y aprovechando cada milí­metro de espacio del papel.

Pero más curioso era el sistema de la “carta cruzada“.

Carta%20cruzada

Primero se leí­a la carta sin hacer caso a las lí­neas cruzadas. Después se giraba la hoja 90 grados y se continuaban leyendo las lí­neas cruzadas.Puede parecer imposible a primera vista, pero con un poco de práctica se hací­a legible y, lo que es más, se conseguí­a escribir en una única hoja lo que de otra manera hubiera necesitado varias, consiguiendo así­ una notable reducción en la tarifa postal.

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Imágenes: earsathome y Bradfer Lawrence collection, Archivos Nacionales Británicos.

Colaboración de Guillermo

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El hombre precavido.

14 jul
14 julio 2009

Este relato, de Guillermo, participó en el I Premio de Relatos Medievales.

Yung-Lo
 Emperador Yang-Lo. Wikipedia


La mano le temblaba.El general Kang-Ping introdujo cuidadosamente una pequeña caja dentro del equipaje de viaje del emperador. A pesar de su compungido gesto por el intenso dolor fí­sico que sentí­a, la cara del maduro y sabio general expresaba en el fondo el alivio de saber que aquello podrí­a salvarle la vida.Yung-Lo (1360-1424), tercer emperador de la dinastí­a Ming de China, habí­a llevado a ésta a su máximo esplendor, gracias en parte a sus proezas militares así­ como a importantes reformas civiles.

De carácter irascible, desconfiado, supersticioso, guerrero y algo paranoico, Yung-Lo se habí­a rebelado contra su sobrino en 1399 (a quien quemó vivo) y se auto proclamó emperador en 1402, tras dos años de guerra civil.

Tomó personalmente el mando de varias exitosas campañas de guerra contra los mongoles, extendiendo el poder de China por toda Manchuria y el valle del Amur. Recuperó el control de importantes rutas de caravanas de Asia Central, envió varias expediciones marí­timas a los Mares del Sur (algunos historiadores sostienen que es muy probable que la última expedición llegara hasta Madagascar, a miles de kilómetros de donde comenzó), construyó la Ciudad Prohibida, trasladó la capital de Nanking a Pekí­n…

Controlar su vasto imperio le obligaba a ausentarse continuamente de la capital.

En esta ocasión el viaje serí­a largo, y Yung-Lo habí­a decidido dejar a su consejero, el general Kang-Ping, al cuidado de su apreciado harén.

Pasados varios meses, y nada más regresar, el desconfiado emperador (tal vez arengado por algún otro consejero ávido de subir puestos en el escalafón de la Corte) acusó al general Kang-Ping de no haberse mantenido alejado de sus concubinas, seduciendo a sus mujeres y, con ello, de rebelarse contra él.

El castigo para la traición, como es de imaginar, serí­a la pena de muerte.

Kang-Ping, confiado y con tranquilidad, se dirigió entonces hacia el equipaje del emperador.

Sacó la pequeña caja y, al tiempo que la abrí­a, mostró su contenido a Yung-Lo.

Allí­ se encontraba la prueba de que la acusación era totalmente infundada.

Y es que, el buen general, conocedor del carácter de Yung-Lo, habí­a tenido la idea de prevenir la sospecha y posible acusación de que hubiera seducido a sus concubinas. Para ello se castró e introdujo su pene en el equipaje del emperador antes de que éste partiese.

Nos cuenta Gregorio Doval, en su “Libro de los hechos insólitos” que el emperador Yung-Lo, conmovido por el gesto de su general, le nombró jefe de sus eunucos y, a su muerte, levantó en su honor un templo como protector eterno de todos los eunucos.

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