La devotio ibérica es una costumbre de los pueblos prerromanos (iberos, celtas, cántabros, celtí­beros, lusitanos, etc) común a otras zonas europeas (Galia o Germania). A través de ella un guerrero (devotus) engrosaba la clientela de un personaje importante (patronus) mediante un contrato por el que se comprometí­a a defender a aquél y a no sobrevivirle en el combate. Se cree que existí­a algún tipo de ritual o ceremonia para su consagración, pero se desconoce en qué consistí­a. El honor y la lealtad son los principios que rigen esta figura (como ahora, jajaja).

Los devotus debí­an defender a su patronus hasta la muerte y si fracasaban se quitaban la vida. Claros ejemplos de la puesta en práctica de esta figura son Sagunto, Numancia y las guerras cántabras. Los cartagineses y lo romanos sufrieron sus consecuencias, pero más tarde supieron aprovecharse de la devotio ibérica. Sabí­an que matando a los caudillos tení­an ganadas las batallas o utilizándolos como rehenes tení­an la lealtad de sus súbditos. Así­ que las tribus hispanas se aliaban con unos u otros.

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